Tianguis de Crónicas mexiquenses Por: Rodrigo Sánchez Arce
Metepec es el municipio que ha hecho de la Tlanchana parte de su identidad al utilizarla como referente cultural, artístico, comercial y artesanal. Pero el mito de esta sirena tuvo sus orígenes en otros pueblos.
Al sureste del Valle de Toluca se encuentra la Ciénega de Chignahuapan, donde nació la Tlanchana. En sus investigaciones, la historiadora francesa Nadine Béligand rescata este mito de documentos y la tradición oral de habitantes de la zona, de municipios como Santiago Tianguistenco, San Mateo Atenco y Santa Cruz Atizapán.
La joven sirena vivía en Almoloya del Río. A la ribera del lago en este pueblo, acudía frecuentemente un joven enamorado de ella, quien nunca abandonaba su embarcación para no mostrarse como era: hombre sireno desprovisto de un pie. Pero atrajo a la joven con su canto y, luego de seducirla, la raptó. En el camino se transformó en ser con cola de serpiente, mientras que ella sufrió la misma metamorfosis.
A partir de eso se les llamó clanchano y clanchana (al inicio pueden pronunciarse también con “t”). Clanchano es una deformación de la voz nahua “atlan chaneque”, que significa “quien vive en el agua” o “patrón del agua”.
La historia termina con la muerte del clanchano: lo alcanzaron las balas de cazadoresde la hacienda de Atenco. La Tlanchana sobrevivió, pero envió un castigo: hizo subir las aguas de la laguna, provocando que se ahogaran los trabajadores y el ganado de la hacienda. Después del suceso, la sirena desapareció y comenzó este mito de origen novohispano e indígena, de tradición nahua y otomí, que se preserva vivamente hasta nuestros días.
La iglesia principal de San Antonio la Isla, que data de mediados del siglo XVIII, muestra en su fachada la figura esculpida de una sirena, silueta sin par en otras iglesias de la región.

