Tianguis de crónicas mexiquenses por Rodrigo Sánchez Arce
El próximo 31 de julio se cumplen 100 años de la suspensión de cultos y del cierre de templos católicos en el país, suceso provocado por la aplicación de la “Ley Calles”,impulsada por el presidente Elías Calles, la cual restringía el culto fuera de los recintos, consideraba el sacerdocio como una profesión, por lo que los curas debían registrar su actividad ante las instancias de Gobernación, y reducía el número de párrocos oficiantes de acuerdo a la cantidad de habitantes.
Lo anterior provocó tensiones entre el gobierno, la jerarquía eclesiástica y grupos como la Liga Nacional de Defensa Religiosa (LNDR); después generó que se levantaran en armas guerrillas de católicos en defensa de su religión y la libertad de cultos.
La Guerra Cristera, también llamada “Cristiada”, se desarrolló entre los años 1926-1929. Tuvo como principal escenario los estados de Jalisco, Michoacán, Zacatecas, Durango y Guanajuato. Los estudios casi no consideran al Estado de México, pero también se vio afectado.
Hoy quiero referir el antecedente de la Cristiada. En octubre de 1873, el presidente Sebastián Lerdo de Tejada logró que las Leyes de Reforma se incorporaran a la Constitución. Estas Leyes acababan con los privilegios eclesiásticos. Ello generó agitación y descontento de católicos que se alzaron en armas al grito de “¡Viva Cristo Rey!”.
Esos católicos fueron llamados “religioneros”. Desde noviembre de 1873 se registraron los primeros brotes en nuestra entidad, en municipios tan cercanos a Toluca como Zinacantepec, Mexicaltzingo y Chapultepec, y municipios más al sur como Tejupilco y Temascaltepec.
Se considera a los “religioneros” (algún autor los llamó “proto cristeros”) el antecedente más remoto y directo de los Cristeros. Por eso no es casual que medio siglo después, a fines de 1926 y principios de 1927, en el Estado de México también prendiera la mecha de la Cristiada…

