Actualmente, la Semana Santa es tiempo de descanso y vacaciones, más que de reflexión y adoración a Cristo. Sean cuales sean las creencias de las personas (judíos, protestantes, testigos de Jehová, ateos, increyentes), todos aprovechan este tiempo de asueto que pertenece sobre todo a los católicos, apostólicos y romanos.
En este México donde se profesa gran devoción a la Virgen de Guadalupe, según datos del Censo 2020 del INEGI, 97.8 millones de mexicanos son católicos, es decir, cerca del 78% de 126 millones de habitantes. Con el paso de los años el número de católicos ha disminuido en términos porcentuales, pero sigue siendo una abrumadora mayoría.
En el Estado de México, 13.5 millones son católicos, poco más del 79% de un total de 17 millones de habitantes. Por supuesto, es la entidad con mayor número de católicos del país. Le siguen Jalisco, Ciudad de México, Veracruz, Guanajuato y Puebla.
No obstante, una cosa es el número de personas que se declaran católicas, y otra la cantidad de quienes efectivamente practican la religión al acudir a misa, llevar a cabo sacramentos y ritos como Dios manda. Los sociólogos estiman que sólo el 40% de quienes se declaran católicos son verdaderos practicantes, es decir, unos 39 millones de personas para el caso del país.
Si extrapolamos este porcentaje al Estado de México, habría unos 5.4 millones de mexiquenses que son verdaderos practicantes.
En cualquier caso son muchos mexiquenses católicos, que acuden a misa y cumplen con los rituales y el santoral, que los vemos con la cruz de ceniza en la frente y llevando a bendecir su ramito el Domingo de Ramos, vistando las Siete Casas el Jueves Santo, participando con su cofradía en la Procesión del Silencio del Viernes Santo, mojándose el Sábado de Gloria y rezando el Domingo de Resurrección.

