RETOS Y DESAFÍOS DE LA UAEMEX

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Hoy la Universidad vive tiempos de convulsión e incertidumbre, derivados de la falta de liderazgo y visión de quien, hasta el día de hoy, continúa ostentando el cargo de rector. Carlos Barrera aún ocupa dicha posición, a pesar de los innumerables errores cometidos durante cuatro años de una gestión deficiente, caracterizada por un gabinete de escritorio y no de trabajo.

En su afán por mantener el control durante los próximos cuatro años, se ha pisoteado la legislación universitaria, particularmente por parte de los directores de preparatoria, quienes buscan asegurarse un lugar en la siguiente administración. Hoy, su proyecto ha llegado a su fin con la declinación de Eréndira Fierro, quien lamentablemente se dejó guiar por un rector que jamás conoció a profundidad las verdaderas entrañas ni necesidades de la comunidad universitaria. A esto se suma que sus “estrategas” confundieron el trabajo con ambiciones personales: en lugar de presentar una propuesta académica sólida, se enfocaron en la imposición, el acarreo y el amedrentamiento. Ojalá quienes la apoyaron comprendan su papel y dejen de atacar a la institución.

Con el Edificio Central tomado y la mayoría de las escuelas en paro, la Universidad atraviesa en 2025 su peor crisis. Un Consejo Universitario sesionando de manera remota envía un mensaje de miedo y desinterés por lo que sucede.

¿Qué necesita la institución para encontrar soluciones a las demandas estudiantiles?

  1. Que Carlos Barrera Díaz se retire el próximo miércoles de toda actividad relacionada con la institución; él es el principal causante del desorden.
  2. Que ningún integrante de la administración 2021–2025 —secretarios del gabinete ni directores de área— pueda continuar, ni siquiera como encargado del despacho.
  3. Que quien asuma la encargaduría de la Rectoría cumpla cabalmente con los requisitos establecidos en la legislación universitaria, que conozca a fondo la institución, que sea conciliador, que dialogue directamente con los estudiantes, que evite protagonismos y comience a trabajar desde el primer minuto de su nombramiento.
  4. Que se haga acompañar de un equipo de verdaderos universitarios —mujeres y hombres capaces y profesionales— especialmente en áreas sensibles como administración, finanzas, Rectoría y la Oficina de la Abogacía General.
  5. Que atienda y comprenda las verdaderas necesidades de los estudiantes; que los escuche, visite, recorra y constate personalmente cada espacio universitario, y que ofrezca soluciones reales y tangibles a corto plazo.
  6. Que los directores de escuela asuman sus responsabilidades y se pongan verdaderamente a trabajar. Aquellos que no puedan o no quieran —como los directores de preparatorias 1, 2, 3, 4 y 5, quienes en su afán por apoyar a Eréndira evidenciaron falta de liderazgo, sensibilidad, profesionalismo y ética— deberían hacerse a un lado por dignidad.

Sin duda, los estudiantes merecen ser tratados con respeto y dignidad. Estamos seguros de que mostrarán civilidad para dialogar, y que la Universidad podrá retomar su objetivo principal: formar estudiantes comprometidos con el servicio a la sociedad.

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Sobre el Autor Gerardo Castañeda

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