(Primera entrega)
La máxima casa de estudios del Estado de México cumple, el próximo mes de mayo, ocho años sumida en un letargo académico y administrativo. Dos administraciones han transcurrido con resultados grises, medianamente cumplidores, y con algunos empleados más preocupados por el protagonismo que por la mejora institucional.
Como la institución educativa más importante de nuestra entidad, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex) requiere renovación, fortalecer su identidad y adoptar enfoques que permitan la universalidad de ideas. Su compromiso debe ser ofrecer una educación media superior y superior de calidad tangible, cumpliendo con el mandato social de formar estudiantes capaces de desarrollarse profesionalmente, pero, sobre todo, con un enfoque social.
El actual rector, Carlos Eduardo Barrera Díaz, no ha demostrado un conocimiento sólido de las necesidades de la universidad. Su administración, lejos de imprimir un sello académico propio, se ha limitado casi exclusivamente a difundir los logros de un área que ha tenido más tropiezos que aciertos.
El rector no debe olvidar que su acceso al cargo fue producto de una imposición. En 2021, el gobierno estatal allanó su camino únicamente por su cercanía con el entonces secretario general de gobierno. Hoy, se percibe su desesperación por establecer alianzas que le garanticen una salida sin contratiempos. A través de estas coaliciones disfrazadas de convenios, busca asegurarse de que su gestión no sea objeto de auditorías en materia presupuestal.

Sin embargo, lo que aún no ha entendido quien hoy dirige la universidad es que las circunstancias han cambiado en el Estado de México. Es fundamental fortalecer la autonomía universitaria, sin injerencias externas, para garantizar una educación de calidad y libre de intereses ajenos.
Atrás quedaron los tiempos en los que la sucesión universitaria se decidía por la voluntad de una sola persona, tomando en cuenta únicamente a los exrectores. Hoy, la institución tiene bien definida su forma de elegir a su rector o rectora, y esa decisión corresponde única y exclusivamente a su comunidad.
Acorde con los tiempos actuales, la casa del pensamiento mexiquense está preparada para que una mujer encabece sus trabajos. Quien aspire a dirigirla debe contar con una sólida preparación, un profundo conocimiento de la universidad y, lo más importante, no tener vínculos partidistas ni políticos. La UAEMex ha sido desgastada por intentos de imposición de familiares y amigos de quienes no han entendido que esta es una casa de estudios, no un botín político-económico. La universidad no es de quienes la poseen, sino de quienes la enriquecen con ideas y trabajo serio e institucional.
Si la comunidad universitaria logra en este año superar filias y fobias, se garantizará la autonomía de la institución, con objetivos claros y una visión amplia, sin someterse a intereses externos que puedan dañarla.
A quienes forman parte de la UAEMex se les debe otorgar la certeza de que el próximo proceso de elección de rector o rectora será transparente, sensible y enfocado en un proyecto incluyente. Es indispensable que este contemple las verdaderas necesidades de la universidad, que hoy son muchas, y que establezca objetivos y propuestas claras que permitan su crecimiento y fortalecimiento.
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