Una de las disciplinas con mayor evolución que ha tenido el deporte ha sido el baloncesto. No solo por la constante adaptación de su reglamento a fin de darnos un juego más espectacular e intenso, sino también por el tan necesario uso de la información estadística que, a través del Big Data, logran llevar al juego a otro nivel.

No es casualidad que cada temporada, los partidos han sido percibidos con mayor rapidez y agresividad. Haciendo una comparación, ya los equipos más rápidos del 2000 fueron superados por los más lentos del 2005. Es evidente que el desempeño de los jugadores en la cancha es cada vez mejor, pero detrás de él, existe un exhaustivo trabajo de análisis para encontrar y reforzar todos los puntos débiles.

Los números más allá del marcador.

Gracias al vasto caudal de datos recolectados por la NBA y accesibles a los equipos se pueden crear y actualizar parámetros como la Tasa de eficiencia del Jugador más conocida como PER (Player-Efficiency-Rate) utilizada como referencia para valorar a los jugadores y encontrar al próximo All Star de la liga. Otro uso de esos datos ha sido la aplicación de modelos predictivos dinámicos por entrenadores y analistas. Estos logran simular nuevas jugadas e incluso el comportamiento del oponente en tiempo real, pudiendo así reajustar la estrategia de juego y empujar los límites de su efectividad. 

Este cambio lo podemos evidenciar en los pronósticos mostrados en las promociones de baloncesto en varias casas de apuestas, al colocar con márgenes de más de 20 puntos en sus momios. Una realidad palpable si consideramos que el número de tiros ha aumentado drásticamente con 25.000 canastas adicionales en cada temporada desde el 2000 con jugadas promediando hasta 7 segundos desde el saque hasta entrar en el aro.

Muestra de ello ha sido el desplazamiento de las zonas de anotación en los últimos 20 años, alejándose de los tiros de dos puntos en mitad de la zona (donde la probabilidad de acierto es menor) concentrándose ahora en la más efectiva línea de tres puntos con hasta 40% de los tiros realizados desde allí, mientras que el resto se ubica cerca del aro. 

Reajustando el juego.

Buena parte de estos cambios en el estilo de juego, se deben a los constantes ajustes del reglamento que mencionamos en un principio. Prácticamente desde que se profesionalizó el baloncesto la presencia de jugadores dominantes promovieron un rebalanceo del juego por variables como su estatura, potencia de ataque e incluso su incapacidad para arrojar tiros libres. Como resultado hemos tenido áreas de pintado más extensas, la prohibición del goaltending (alteración de la trayectoria del balón en su descenso al aro), reducción de la posesión del balón a 3 segundos en la zona, y una de las más importantes limitar los tiros libres por falta salvo en los últimos 2 minutos minimizando la perdida de ritmo por los Hack-a-Shaq.

Si bien el juego parece haber quedado irreconocible para los seguidores y jugadores mas veteranos, todo cambio aportado ha sido favorable para proveernos de partidos más competitivos donde cada acción realizada ha sido perfeccionada con el fin de maximizar la calidad del juego y darle público la emoción que se merece.

Fuente: Unsplash

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