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En el dinero, la identidad digital es el conjunto de datos que permite que alguien te deposite, que una tienda te cobre o que un sistema sepa que la cuenta es tuya. Hay datos que te identifican y datos que te autorizan, y conviene separarlos desde el principio.
Un número de cuenta te identifica frente al sistema de pagos; con él, otra persona solo puede hacer una cosa, que es transferirte. Una contraseña, un NIP o un código temporal te autorizan; con ellos, quien los tenga puede mover tu dinero como si fueras tú. La primera categoría se comparte todos los días. La segunda no se comparte con nadie, ni con quien dice llamar del banco.
Qué es la CLABE y por qué se puede dar
La Clave Bancaria Estandarizada tiene 18 dígitos. Según la CONDUSEF, seis identifican al banco, once al número de cuenta de quien recibe los fondos y el último es un dígito verificador que confirma que los anteriores sean coherentes entre sí. Se creó para dar certeza a las transferencias entre bancos y la encuentras en el estado de cuenta o en la banca en línea.
Es el dato que le pasas al amigo que te debe su parte de la cena o el que aparece en la ficha de pago de la escuela. Todas esas transferencias corren por el SPEI, el sistema que administra el Banco de México para mover dinero en moneda nacional entre cuentas de distintas instituciones, en tiempo real y las 24 horas de todos los días. Con la CLABE sola nadie puede retirar nada de tu cuenta; a lo sumo descubre en qué banco estás.
Eso vale igual para una cuenta bancaria que para una cuenta en una plataforma de pagos como Mercado Pago. La clave sirve para recibir; la contraseña mueve el dinero. Son llaves de puertas distintas.
El celular como identificador
Desde 2023 existe otra forma de identificarte para recibir dinero. DiMo, el servicio que diseñó el Banco de México sobre la plataforma del SPEI, permite asociar tu número de celular a una cuenta. Quien te paga escribe tu número en la app de su banco, pone el monto y autoriza; ya no necesita tus datos bancarios. El registro no tiene costo, y el mismo número puede asociarse a cuentas en varios bancos, aunque solo a una por institución.
En otros países de la región la misma función la cumple un alias, una palabra que el usuario elige y puede modificar cuando quiere. Quien cobra con terminal, por su parte, debería mantener el equipo al día; hay una guía sobre cómo actualizar el software de Point Smart 2 paso a paso desde la propia terminal.
El celular y el alias se comparten para que te paguen. Lo que no debe acompañarlos jamás es el código que llega por SMS cuando alguien intenta entrar a tu cuenta.
Los negocios y el dato del cliente
Para quien vende, la ecuación se invierte. Un negocio pone su CLABE a la vista para cobrar, y lo que debe cuidar son los datos del cliente. La Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 20 de marzo de 2025, establece en su artículo 7 que los datos financieros o patrimoniales requieren el consentimiento expreso de su titular, salvo las excepciones que la propia ley enumera. El consentimiento tácito, el de “si no te opones, aceptas”, no alcanza para una tarjeta ni para una cuenta.
Una tienda en línea resuelve buena parte de esto con la arquitectura. Si el cobro lo procesa una pasarela conectada al carrito, el comercio no necesita ver el número completo de la tarjeta del comprador, ni guardarlo. Quien administra una tienda y además lleva un registro de clientes está decidiendo, en realidad, qué datos guarda; para llevar ese registro con orden hay una lectura sobre las mejores herramientas de CRM gratuitas para pymes, opciones que vale la pena conocer antes de decidir qué información se almacena.
Para pagos en mostrador existe CoDi, la plataforma del Banco de México que convierte un cobro en un mensaje. El comercio genera un código QR o lo transmite por aproximación, el cliente lo acepta desde la app de su banco y el dinero llega por SPEI. Funciona todos los días a cualquier hora y, según Banxico, sin comisiones. Ni el comercio conoce la cuenta del cliente ni el cliente la del comercio.
Lo que nunca sale de tu teléfono
La CONDUSEF lo resume en una regla sin matices. Las claves y el NIP no se envían por correo electrónico ni se comparten con nadie. A esa lista conviene sumar el código de un solo uso que llega por mensaje, la contraseña de la app y la foto completa de una tarjeta, con vencimiento y código de seguridad. Un banco puede pedirte que confirmes un cargo; ninguno te pide que le dictes la clave para cancelar uno.
El mismo organismo recomienda eliminar los mensajes sospechosos que piden datos personales o financieros, revisar los estados de cuenta con frecuencia y elegir contraseñas que no se armen con fechas de nacimiento, teléfonos ni nombres de familiares. Suena básico. Es lo que falla.
Queda una zona gris que merece atención. El nombre completo, el banco y la CLABE son datos de identificación, pero juntos dan material para un intento de suplantación convincente. Compartirlos para cobrar no es un error; publicarlos en el comentario abierto de una red social sí lo es. El criterio está en el canal y en quién pregunta.
En dos líneas
Lo que identifica tu cuenta se comparte para recibir dinero. Lo que la abre no se comparte con nadie, por ningún medio.
