En El Oro, la frase “administración municipal” parece haber adquirido un significado más literal de lo habitual. Según señalamientos públicos, no se trata solo de gobernar, sino de apoderarse —presuntamente— de las cuentas bancarias del Ayuntamiento. Así, sin tanto trámite, porque la austeridad también puede ser creativa.
La protagonista de esta historia es la alcaldesa Juana Elizabeth Díaz Peñaloza, señalada por exfuncionarios y trabajadores de haber detonado una supuesta crisis financiera y de gobernabilidad en el municipio. Todo habría comenzado en diciembre de 2025. Ese mes mágico es cuando todo se cierra, se mueve… o se complica.
El entonces tesorero municipal, Carlos Felipe Sánchez Florentino, aseguró que desde el 19 de diciembre la presidenta municipal tomó control directo de las cuentas del Ayuntamiento. Por si quedaba alguna duda, se deslindó públicamente del uso de los recursos a partir de esa fecha. Un “yo ya no fui” financiero suele aparecer cuando las cosas dejan de cuadrar.
Según el propio exfuncionario, el hecho no solo sería irregular, sino un agravio a la población. Esto ocurre al permitir —siempre en el terreno de lo presunto— un manejo discrecional de recursos públicos sin procedimiento administrativo. Por ello, se dio parte a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México. Esa institución suele enterarse de los problemas cuando ya están bien cocidos.
Las consecuencias no tardaron: despidos, destituciones, retrasos en el pago de nómina, toma de instalaciones del Ayuntamiento, manifestaciones y bloqueos. Una crisis de ingobernabilidad de esas que no vienen en el manual, pero sí en los expedientes.
Hasta aquí, el guion parecería avanzar hacia la rendición de cuentas. Sin embargo, entra en escena el Gobierno del Estado de México. Según las propias declaraciones, el gobierno optó por escuchar, dialogar y, en palabras de algunos, conciliar. Porque nada dice “crisis financiera” como una buena mesa de negociación.
El secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, calificó la situación como un asunto “de orden político”. Una categoría flexible que sirve tanto para una diferencia de criterios como para una tormenta administrativa.
La alcaldesa fue recibida en Palacio de Gobierno por el equipo del subsecretario Alejandro Viedma Velázquez. Ahí se habló de auditorías, renovación de direcciones, posibles aviadores, ajustes administrativos y vigilancia estatal para garantizar la estabilidad de El Oro. Una lista larga, casi tanto como las preguntas sin responder.
¿Y la explicación pública? Minimalista. Al salir del encuentro, Díaz Peñaloza se limitó a invitar a visitar el municipio. Además, aseguró que “son los tiempos de Dios” y se despidió con un beso. Lo hizo sin cifras, sin detalles y sin aclarar si las cuentas municipales también entran en el calendario divino.
Así, El Oro queda suspendido entre denuncias, conciliaciones y frases espirituales. Mientras los trabajadores esperan pagos, los ciudadanos esperan respuestas y el Gobierno estatal vigila. Por su parte, la administración municipal parece confiar en que el tiempo —o algo más— acomode las cosas.
Al final, el verdadero misterio no es si hubo crisis financiera, sino cuándo las cuentas dejarán de ser un tema privado y volverán a ser, como dicta la ley, un asunto público. Porque en El Oro, por ahora, el brillo no está en la claridad… sino en la intriga.

