La cobertura de la marcha conmemorativa del 2 de octubre en Toluca se convirtió en un episodio de riesgo para los reporteros que asistieron a documentar la movilización. Las agresiones vinieron tanto de manifestantes como de policías, en un contexto en el que los comunicadores se encontraban únicamente realizando su labor informativa.
Durante la protesta, que inició en Ciudad Universitaria y terminó en el parque Simón Bolívar, se registraron 25 personas lesionadas y la quema de una patrulla municipal. En ese ambiente, los periodistas narraron cómo se convirtieron en blanco de ataques cuando grababan los momentos más tensos de la jornada pues los encapuchados lanzaron piedras y los amenazaron, mientras que policías arremetieron cuando eran captados utilizando la fuerza contra estudiantes.

“Nosotros estábamos grabando la manera en que los uniformados golpeaban a jóvenes que estaba deteniendo y en ese momento empezaron a empujarnos, a jalarnos los equipos e incluso a golpearnos”, relató uno de los comunicadores afectados. Otros coincidieron en que el gremio periodístico suele estar en medio de dos frentes que consideran su presencia incómoda.
De acuerdo con testimonios, varios periodistas perdieron celulares y cámaras en medio de los forcejeos. Algunos recibieron atención médica por golpes, mientras que otros lograron recuperar su material gracias a la intervención de colegas. El alcalde ofreció disculpas públicas y aseguró que se repondrán las herramientas extraviadas, pero el malestar persiste.
Pero, para los comunicadores, la protesta dejó claro que ni manifestantes ni policías respetan el trabajo de la prensa cuando sus acciones están siendo registradas. Los primeros reaccionan con hostilidad por temor a ser identificados, mientras que los segundos buscan impedir que se documenten posibles excesos de fuerza.
“Lo único que hacemos es dar testimonio de lo que ocurre. Sin cámaras ni micrófonos, muchas de estas escenas no serían conocidas. Pero esa función nos convierte en un estorbo para quienes quieren ocultar la violencia, venga de donde venga”, señalaron.
Los reporteros coincidieron en que resulta indispensable contar con un protocolo claro que garantice su seguridad en coberturas de protestas y hechos de seguridad, pues de manera recurrente enfrentan agresiones cuando informan en la calle. Asimismo, subrayaron que sin protección adecuada se pone en riesgo el derecho de la sociedad a estar informada.
Pedro Pérez
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