Concluido el proceso de elección de la nueva rectora, la doctora Patricia Zarza Delgado tomó protesta para encabezar la Universidad Autónoma del Estado de México durante los próximos cuatro años. Sin embargo, la crisis institucional aún no ha terminado.
Lo cierto es que, desde su llegada al cargo, ha mostrado voluntad y apertura para dialogar con el sector estudiantil con el objetivo de regresar a las clases presenciales lo antes posible.
El reto que enfrenta la doctora Zarza no es menor. Para superarlo, deberá identificar con claridad quiénes realmente aportan a la universidad y quiénes, durante años, se han servido de ella.
Existe un clima de nerviosismo al interior de la máxima casa de estudios ante la incertidumbre sobre quiénes conformarán su gabinete universitario. Este equipo de trabajo deberá estar integrado por rostros nuevos, con probada eficiencia, conformado por mujeres y hombres profesionales y honestos, pero sobre todo, sin vínculos ni compromisos con exrectores o grupos políticos, tanto internos como externos a la institución.

Con la claridad que demandan estos tiempos, la doctora Zarza debe sacudir a la universidad, realizar un trabajo minucioso en cada área y analizar a fondo los perfiles del personal que labora en la institución. Es un hecho que muchas personas han ocupado durante años cargos como directores, subdirectores o jefes de departamento en diversas secretarías, sin aportar nada significativo, pero permaneciendo en la nómina.
La comunidad universitaria requiere hoy de una rectora cercana, abierta al diálogo, con visión y humildad, que permita avanzar y seguir creciendo académicamente, sin escándalos financieros ni sobresaltos políticos. La doctora Zarza debe desmarcarse de su antecesor, Carlos Barrera, y la mejor forma de hacerlo es no reciclar a quienes formaron parte de su cuestionada administración, que intentó imponer a Eréndira Fierro mediante la conformación de grupos de directores, profesores y alumnos que causaron inestabilidad en la universidad.
Seguramente la rectora tiene claro quiénes, desde las direcciones de preparatorias y organismos académicos, le obstaculizaron el camino en este proceso. Ella y su equipo identifican a quienes, además de generar división y daño dentro de la universidad, solo buscan seguir vaciando sus arcas.
El reto de los próximos cuatro años no será fácil, pero desde el nombramiento de su gabinete debe quedar claro que las cosas cambiarán, tal como lo expresó en su toma de protesta. No debe haber espacio para quienes, en la administración pasada, obtuvieron plazas de tiempo completo de forma cuestionable. Los profesores de tiempo completo deben rendir frutos académicos reales.
Las expectativas son altas. La sociedad espera que se cumpla con el verdadero objetivo de la universidad: seguir formando profesionistas con calidad.
