Por Marco Antonio Aguilar Aguilar
A veces, al pasar por Metepec, Toluca o Zinacantepec, uno siente que los recuerdos se han quedado atrapados en las banquetas rotas y los parques descuidados. Los noventas, cuando estos municipios eran el ejemplo de desarrollo, ahora parecen un mito. Metepec, con sus calles tranquilas y su aire casi de pueblo, ha sucumbido a una expansión sin control, donde cada espacio verde se ha transformado en un complejo habitacional más. El árbol de la vida, que alguna vez fue el símbolo de la creatividad y tradición, ahora queda arrinconado en un escaparate comercial, opacado por los embotellamientos interminables.
Y Toluca, nuestra capital mexiquense, que en el año 2000 prometía un futuro brillante, hoy se tambalea entre la inseguridad y los servicios públicos que parecen en retroceso. Antes, uno podía caminar por sus calles sin temores, disfrutando de su carácter histórico y la promesa de progreso. Ahora, las calles están llenas de baches que, como las promesas de las autoridades, quedan a medias. Ni qué decir del agua, ese recurso que debería ser básico, pero que en varias colonias sigue siendo un lujo.
Zinacantepec, con sus hermosas montañas como guardianas, hoy parece que observa en silencio cómo la urbanización devora lo que alguna vez fue un espacio para respirar. Ya no hay el aire puro de antes, sino un cúmulo de fraccionamientos que crecen sin que nadie detenga su avance. Y claro, sin servicios adecuados para soportar este crecimiento desmedido.
Los parques, camellones y áreas verdes en estos tres municipios están completamente en el abandono, un claro reflejo de la falta de interés por parte de sus presidentes municipales. Entre el caos, la pregunta es inevitable: ¿qué pasó con aquellos municipios prósperos?.
Antes, la seguridad no era una preocupación constante, los servicios municipales funcionaban, y los funcionarios conocían sus responsabilidades. Hoy, en cambio, parece que las administraciones son un desfile de inexpertos, amigos del presidente en turno, ocupando cargos sin la más mínima idea de cómo dirigir un municipio.
Lo que alguna vez fue progreso, hoy es sinónimo de descontrol. Pero tal vez aún haya esperanza. Los ciudadanos están cada vez más atentos, exigiendo resultados, y eso podría ser el primer paso para recuperar lo que alguna vez fuimos. Porque si algo es seguro, es que lo que era, puede volver a ser… solo falta que alguien lo quiera y se atreva a intentarlo.

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