La estafadora de ¿Quién es Anna? utiliza su fama a favor

La estafadora Anna Delvey fue declarada culpable por estafar unos $200.000 a bancos, mientras buscaba obtener fondos para una galería
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La estafadora Anna Delvey fue declarada culpable por estafar unos $200.000 a bancos y hoteles de lujo, mientras buscaba obtener fondos para una galería

A inicios de 2022, Netflix dio la nota poniendo de moda las historias reales de estafadores. Primero con el documental El timador de Tinder y luego con ¿Quién es Anna?, la miniseriebasada en una joven alemana que se hizo pasar por heredera millonaria para escalar en la alta sociedad neoyorkina. Anna Delvey fue declarada culpable por estafar unos $200.000 a bancos y hoteles de lujo, mientras intentaba obtener un préstamo de $22 millones para fundar un club y galería de arte para la élite de la ciudad.

Anna Delvey, o Anna Sorokin; salió de prisión en libertad condicional en febrero de 2021; pero pocas semanas más tarde fue detenida de nuevo por haber extendido su estadía con la visa caducada. Desde entonces, se encuentra en un centro de detención de ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas). Sin embargo, las rejas no están siendo un obstáculo para buscarse la vida mientras apela la deportación. Y lo hace valorándose como si fuera una estrella del arte.

Si existe un detalle fiel a la vida real en la serie de Netflix es la pasión de Anna por el arte. ¿Quién es Anna? lo plasma constantemente mostrando los conocimientos artísticos de la estafadora; reconociendo artistas y cuadros con una sola mirada, aportando su interpretación de las obras mientras se mueve como pez en el agua entre galerías y exhibiciones exclusivas. Pues bien Anna Delvey puso en práctica esta pasión desde prisión y ahora vende su colección de cuadros como si se tratara de una estrella del mundo del arte.

La estafadora de ¿Quién es Anna? utiliza su fama a favor

A raíz de la popularidad de la serie, Delvey encontró representantes artísticos (o la buscaron) que se encargan de exponer y vender sus obras. Y de esta manera el pasado mes de marzo, a pocas semanas del éxito de su historia en Netflix; presentó su primera exhibición en el Lower East Side de Manhattan titulada ‘Free Anna’ (Liberad a Anna), con obras dibujadas por ella y otras retocadas por Alfredo Martinez, un artista detenido en junio de 2002 por falsificar dibujos de Jean-Michel Basquiat y condenado a tres años.

Pero la cosa no terminó ahí y ahora presenta su primera exhibición en solitario en un hotel de la Gran Manzana con un título que evidencia lo mucho que Anna está aprovechando la popularidad impulsada por la miniserie de Netflix para vender su nueva faceta: esta nueva exhibición se llama ‘Allegedly’ (Presuntamente).

Se trata de una colección de bocetos que Anna dibujó; mientras se encuentra en el centro de detención de ICE, a la espera de comenzar el proceso de apelación para evitar la deportación. “Quería captar algunos de los momentos de los últimos años, tanto nunca vistos como icónicos, usando las limitadas herramientas que tenía a mi alcance” dijo a Page Six desde el centro. Básicamente, se trataría de ilustraciones realizadas con lápices de colores y papel de acuarela de 9×12, dado que “la mayoría de los materiales de arte y papel fueron confiscados” en el centro de detención.

Según Delvey, es su manera de contar su historia desde su propia perspectiva; y tiene previsto aparecer en la exposición a través de una conexión por vídeo. 

Sin embargo; llama la atención que haya alcanzado el sueño de cualquier artista; con su propia exhibición en solitario en Manhattan cuando no tiene experiencia como tal. Tiene conocimientos, estudió ilustración de moda en París pero nunca presentó sus propios dibujos o cuadros. Pero no solo eso. Pretende vender sus obras por el precio que pediría un artista reconocido.

Es decir, que un artista tenga notoriedad a raíz de un escándalo no me sorprende; pero sí que se trate de una persona convicta sin experiencia artística que consigue exponer sus obras en solitario; en una ciudad tan selectiva en el mundillo artístico y que, además, lo ponga a la venta con una cifra desorbitada.

Y es que Anna no vende sus dibujos de manera individual, sino que Chris Martine; quien lleva la venta de los trabajos de Delvey a través de su empresa Founders Art Club; vende el 48% de la propiedad de toda la colección, valorada en $500.000. Ni más ni menos. Es más, según el sitio oficial de la compañía, quien quiera asistir a la exhibición debe apuntarse en una lista de espera online.

Es cierto que Delvey tiene deudas que saldar a raíz del juicio y que de los $320.000 que le pagó Netflix por los derechos de la historia, solo se habría quedado con unos $20.000. Pero me pregunto hasta qué punto el mundo sigue cayendo en esos aires de grandeza que comparte la serie o siguiéndole el juego, exponiendo sus dibujos como si fuera una celebridad o personaje reconocido en el mundo artístico con piezas valoradas en cientos de miles de dólares.

Seguramente existen compradores o coleccionistas interesados en tener en sus paredes dibujos de la popular estafadora, y eso quizás explique que la coleción se estime en medio millón de dólares.

Sin embargo, y en mi opinión, creo que se trata de una estrategia para aprovechar el momento, la curiosidad que provoca su figura y la notoriedad que le dio la serie de Netflix. No solo para saldar deudas sino porque actualmente sigue necesitando asistencia legal al haber decidido quedarse en EE.UU. para luchar la decisión de deportación, cuando sus abogados aseguran que, si ella quisiera, podría ir a cualquier país que deseara.