Lo ocurrido con el examen de admisión 2026 de la UNAM rebasa la discusión sobre una posible falla tecnológica o un caso de fraude académico. La verdadera pregunta es mucho más profunda: ¿qué tipo de sociedad estamos formando cuando miles de jóvenes consideran aceptable hacer trampa para alcanzar una meta?
Durante las últimas semanas surgieron cientos de publicaciones en TikTok, Facebook, X y grupos de WhatsApp donde aspirantes presumieron haber utilizado herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT, Gemini, Claude y Copilot para responder el examen en línea. Otros aseguraron haber contratado “ayuda” externa, compartir pantalla mediante Discord, usar cámaras adicionales, audífonos ocultos e incluso pagar a terceros para resolver la prueba. También aparecieron videos explicando paso a paso cómo engañar al sistema de vigilancia de la universidad. (ADNPolítico)
No se trató únicamente de algunos casos aislados. Alrededor del examen comenzó a crecer un mercado informal donde se ofrecían “asesorías”, respuestas en tiempo real, paquetes tecnológicos para evadir la supervisión e incluso servicios con garantía de ingreso. Ese negocio encontró clientes porque existe demanda, y la demanda existe porque muchos aspirantes llegaron convencidos de que el objetivo era entrar a cualquier costo. (Reporte Indigo)
La UNAM respondió suspendiendo temporalmente el proceso de inscripción de nuevo ingreso mientras revisa los resultados atípicos. El rector Leonardo Lomelí ordenó integrar una comisión técnica especializada para analizar las anomalías detectadas y determinar si existieron fraudes sistemáticos o vulnerabilidades en el nuevo modelo de examen en línea. (El Universal)
La universidad ya había advertido desde junio que más de mil aspirantes fueron bloqueados durante la aplicación por intentar hacer trampa y que los sistemas de inteligencia artificial detectaban comportamientos irregulares, aunque también reconoció que ningún sistema es infalible y que las medidas tendrían que fortalecerse. (La Jornada)
El verdadero problema no es tecnológico
Reducir esta discusión a “la IA hizo posible copiar” sería un error.
La inteligencia artificial no creó la deshonestidad. Simplemente hizo más evidente un problema que ya existía.
La pregunta ética no es si ChatGPT puede responder un examen. La pregunta es por qué un estudiante decide comenzar su vida universitaria mediante un engaño.
Porque ese examen no es únicamente una prueba de conocimientos. Es la primera decisión profesional de una persona.
Y esa decisión revela mucho.
Quien está dispuesto a mentir para entrar probablemente encontrará justificaciones para copiar durante la carrera, falsificar prácticas profesionales, alterar investigaciones, plagiar tesis o manipular información cuando ejerza su profesión.
No porque todos los que hacen trampa terminarán siendo corruptos.
Pero sí porque la corrupción casi nunca comienza con millones de pesos.
Empieza con pequeñas decisiones que parecen insignificantes.
La normalización de la trampa
Quizá lo más preocupante fueron algunos comentarios publicados por los propios aspirantes.
“No es hacer trampa, es aprovechar la tecnología.”
“Todos lo hicieron.”
“Lo importante es entrar.”
“Ya después aprenderé.”
Esas frases reflejan una lógica profundamente instalada en parte de nuestra sociedad: el resultado importa más que el camino.
Es la misma cultura que explica por qué existen funcionarios que cobran sobornos, empresarios que evaden impuestos, médicos que venden incapacidades falsas, abogados que fabrican pruebas o ingenieros que firman obras que nunca supervisaron.
No nacieron corruptos el día que recibieron su título.
Muchos aprendieron mucho antes que, mientras nadie los descubra, hacer trampa puede ser rentable.
¿Qué profesionales estamos formando?
Un médico que obtuvo su lugar mediante fraude podría algún día tomar decisiones sobre la vida de un paciente.
Un abogado que ingresó copiando defenderá personas o interpretará la ley.
Un ingeniero diseñará puentes, edificios o sistemas eléctricos.
Un contador certificará estados financieros.
Un maestro formará nuevas generaciones.
Por supuesto, cometer una falta en un examen no determina automáticamente el futuro ético de una persona. Hay quienes reconocen un error, aprenden y cambian. Pero cuando el fraude se vuelve colectivo y además se presume públicamente, el problema deja de ser individual para convertirse en un síntoma cultural.
La responsabilidad también es social
Sería injusto culpar únicamente a los jóvenes.
Ellos crecieron escuchando frases como:
“El que no tranza no avanza.”
“Consigue la palanca.”
“Lo importante es el resultado.”
“Todos hacen lo mismo.”
Los adultos construimos durante décadas un entorno donde muchas veces la corrupción parece premiarse y la honestidad parecer castigarse.
Los jóvenes no inventaron esa cultura.
La heredaron.
Más allá del examen
La UNAM deberá determinar cuántos casos realmente fueron fraudulentos, qué tan vulnerables fueron sus mecanismos de supervisión y cómo fortalecer futuros procesos de admisión. Esa investigación es indispensable para preservar la confianza en el mérito académico. (Xpectro)
Pero incluso si todos los casos fueran esclarecidos, permanecería una pregunta mucho más incómoda.
¿Qué clase de país estamos construyendo cuando miles de personas consideran normal presumir públicamente que engañaron a una universidad?
Porque el problema no es únicamente quién logró entrar.
El verdadero problema es quiénes serán esos profesionistas dentro de diez o veinte años.
Una universidad puede corregir un examen.
Lo verdaderamente difícil es corregir una cultura donde demasiadas personas siguen creyendo que el éxito justifica cualquier medio.
Y mientras esa idea continúe normalizándose, México seguirá enfrentando el mismo desafío: no solo formar mejores profesionistas, sino formar mejores ciudadanos.

Para estar siempre al día con las últimas noticias y contenidos exclusivos, les invitamos a seguirnos en todas nuestras plataformas sociales de SéUno. Conéctense con nosotros en Facebook, X(Twitter), Instagram, TikTok, YouTube y Threads. ¡No se pierdan ninguna actualización y formen parte de nuestra creciente comunidad en línea!
