Fernando Flores y la tentación de hacer leña del árbol caído

El incidente con Fernando Flores en Metepec generó indignación. Un análisis de la situación y sus repercusiones en redes sociales.
Fernando Flores y la tentación de hacer leña del árbol caído Fernando Flores y la tentación de hacer leña del árbol caído Fernando Flores y la tentación de hacer leña del árbol caído

Hay conductas que no admiten defensa. Lo ocurrido en Metepec con el alcalde Fernando Flores fue un error. Un episodio que nunca debió suceder y que, por la investidura que representa, terminó generando una indignación legítima entre muchos ciudadanos.

El propio alcalde terminó ofreciendo disculpas públicas. Las autoridades anunciaron revisiones e investigaciones. Los videos circularon por todos lados. La condena social llegó casi de inmediato.

Hasta ahí, podría decirse que las instituciones y la opinión pública hicieron lo que les corresponde: cuestionar, señalar y exigir explicaciones.

Pero después ocurrió algo que cada vez vemos con más frecuencia en México: la transformación de un hecho cuestionable en un espectáculo de linchamiento.

En cuestión de horas, las redes sociales dejaron de debatir sobre los hechos para concentrarse en la destrucción del personaje. Ya no se discutía si había actuado correctamente o si debía responder ante alguna autoridad. Lo que aparecía eran insultos, descalificaciones personales, burlas, apodos y exigencias desproporcionadas que iban desde la cárcel inmediata hasta la destitución automática.

La sentencia se había dictado antes de cualquier investigación.

Y ahí es donde vale la pena detenerse.

Porque una cosa es exigir cuentas y otra muy distinta es hacer leña del árbol caído.

La expresión popular describe perfectamente una conducta humana que parece repetirse una y otra vez: cuando alguien tropieza, cuando alguien comete un error o cuando una figura pública queda expuesta, aparecen quienes no buscan justicia ni verdad, sino participar en el castigo colectivo.

Es como patear a una persona que ya está en el suelo.

No para corregirla.

No para evitar que vuelva a ocurrir.

Simplemente para sentirse parte de la multitud que golpea.

Las redes sociales han convertido esa práctica en una forma cotidiana de violencia digital. Miles de personas se suman a una conversación sin conocer todos los elementos del caso, sin esperar investigaciones y sin medir las consecuencias de sus palabras.

Lo preocupante es que esa dinámica no distingue colores partidistas, ideologías ni personajes. Hoy puede ser un alcalde, mañana un periodista, un empresario, un artista o cualquier ciudadano que se convierta en tendencia por unas horas.

La justicia tiene procedimientos. La responsabilidad pública tiene mecanismos. Las sanciones tienen autoridades competentes.

La turba digital no tiene nada de eso.

Sólo tiene prisa.

Y cuando la indignación se convierte en espectáculo, el riesgo es que dejemos de buscar la verdad para conformarnos con la destrucción.

Fernando Flores deberá responder por sus actos ante las instancias correspondientes y asumir el costo político que corresponda. Eso es parte de la vida pública.

Pero también vale la pena preguntarnos si como sociedad estamos construyendo una cultura de rendición de cuentas o simplemente perfeccionando una nueva forma de violencia colectiva desde la comodidad de un teléfono celular.

Porque cuando la justicia se sustituye por el linchamiento, todos terminamos perdiendo.

Y porque hacer leña del árbol caído nunca ha sido sinónimo de justicia.

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Sobre el Autor Gerardo Castañeda