Tianguis de crónicas mexiquenses por Rodrigo Sánchez Arce
El pasado 10 de enero, el Papa León XIV inauguró el Año Jubilar con motivo del octavo centenario de la muerte deSan Francisco de Asís, ocurrida en el año 1226.
Ello me recuerda la importancia que tuvo la Orden de Frailes Menores en los primeros años posteriores a la conquista y en el inicio de la evangelización de los naturales, especialmente en el actual territorio mexiquense.
La orden franciscana llegó a la Nueva España el 13 de agosto de 1523, con los frailes Pedro de Gante, Juan de Tecto y Juan de Ayora. Gante se estableció en Texcoco, dónde abrió la primera escuela para naturales. Luego llegaron los “Primeros Doce”, el 13 de mayo de 1524, encabezados por fray Martín de Valencia, quien fundó el Santuario del Sacromonte en Amecameca y murió en Tlalmanalco.
A partir de 1530, los primeros franciscanos y las oleadas que llegaron después, fundaron la Provincia del Santo Evangelio con varios templos y conventos a lo largo y ancho del Matlatzinco y en las faldas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl.
En Toluca predicó el Apóstol de los Matlatzincas, fray Andrés de Castro. Los seráficos tuvieron el monopolio de las almas en esta ciudad por más de siglo y medio, hasta que, al despuntar el siglo XVIII comenzaron a llegar otras órdenes mendicantes. En Toluca ya casi no subsisten restos franciscanos pues en 1870 fue demolido el antiguo convento de la Asunción. ¿Qué vestigios quedan en nuestra entidad?
Aún se pueden visitar antiguas fundaciones seráficas del siglo XVI en viejos templos de municipios como Zinacantepec, Calimaya, Metepec, Jilotepec y Aculco en el Valle de Toluca; Tlalnepantla, Cuautitlán, Ecatepec, Otumba, Teotihuacan y Tultitlán en el Valle de México; Texcoco, Chalco, Amecameca, Chiautla, Tlalmanalco, Temamatla, Ozumba, Tepetlaoxtoc y Cocotitlán en el oriente de nuestra entidad, entre otras.

