Meses de paro, asambleas, desconfianza. Una universidad dividida por dentro y bajo la lupa desde fuera. En medio de ese escenario tenso, Paty Zarza fue electa como nueva rectora de la Universidad Autónoma del Estado de México. Su llegada no fue sencilla, pero ocurrió bajo un signo distinto: el de la votación directa y la expectativa de un cambio real.
Días después, presenta su gabinete: mayoría de mujeres, perfiles académicos, nuevas secretarías con nombres que buscan conectar con las demandas del presente. A simple vista, todo parece estar en su lugar. Pero, ¿cuánto puede cambiar una estructura tan compleja con solo mover nombres y cargos? ¿Puede una nueva imagen institucional sanar las heridas de fondo? ¿Y qué pasa con lo que no se nombra: las auditorías, los recursos, las responsabilidades?
Mientras tanto, el semestre ya ha comenzado. Algunas facultades han intentado reanudar clases, pero el ambiente sigue siendo tenso, frágil, difícil de leer. No hay certeza total, ni entre los estudiantes ni entre los docentes. La UAEMéx necesita —con urgencia— volver a la normalidad. Pero no a cualquier normalidad: no a la que permitió opacidad, imposiciones o silencios. Volver, sí, pero sobre bases nuevas. Y ahí es donde realmente se pondrá a prueba esta nueva etapa.
La rectora Martha Patricia Zarza Delgado asumió el cargo el 17 de julio de 2025, tras una elección marcada por protestas estudiantiles y una huelga que comenzó en abril. Todo se detonó por un audio filtrado del entonces rector Carlos Barrera Díaz y por la imposición de una candidata oficialista. Al final, el rector tuvo que renunciar y Zarza fue elegida por votación directa, con una mayoría ponderada de 118 votos.
El 4 de agosto presentó a su gabinete: trece secretarías, nueve de ellas encabezadas por mujeres. Es la primera vez en la historia de la institución que hay mayoría femenina en el equipo directivo. Además, se anunciaron cambios relevantes en la estructura: nuevas secretarías como la de Igualdad Sustantiva y Cuidados o la de Centros Universitarios, y otras que cambian de nombre para reflejar un enfoque más moderno, como Ciencia, Identidad y Cultura, o Gobernanza Universitaria.
A simple vista, el mensaje es claro: un nuevo estilo de gestión, con inclusión, paridad y enfoque académico. Pero también es un guiño estratégico hacia los dos grandes públicos que necesita recuperar: la comunidad académica y el movimiento estudiantil que puso en jaque a la institución.
El gabinete ha sido presentado como resultado de trayectorias internas y experiencia académica, con una promesa de evaluación constante, ética profesional y vocación de servicio. Sin embargo, hay quienes ven estos cambios con cautela. Algunos nombramientos, dicen, tienen vínculos con la administración anterior, lo que siembra dudas sobre si se trata de una verdadera renovación o de una reconfiguración del mismo grupo en el poder.
Y hay un punto que no debe pasar desapercibido: la universidad arrastra señalamientos por malos manejos financieros, presuntas irregularidades y un daño importante al erario universitario. Estas acusaciones no son abstractas: han afectado directamente a estudiantes, docentes y administrativos. La nueva administración no puede eludir esa parte del problema. Sin auditorías claras, independientes y públicas, el estigma de continuidad podría pesar más que cualquier símbolo de cambio.
Paty Zarza ha logrado enviar señales de apertura, paridad y legitimidad. Pero, en el fondo, el verdadero desafío está en lo que aún no se ha hecho: esclarecer el pasado, ordenar las finanzas, sanar la relación con la comunidad y reconstruir una universidad que, aunque sigue viva, aún no logra sentirse en paz.

