Con un acto lleno de simbolismo y tradición, el Ayuntamiento de Toluca conmemoró el Equinoccio de Primavera en la zona arqueológica de Calixtlahuaca. La ceremonia del Fuego Nuevo fue el centro del evento cultural, encabezado por el Presidente Municipal, Ricardo Moreno Bastida, quien destacó el valor del legado prehispánico como parte esencial de la identidad toluqueña.
Tradición, arte y memoria: un homenaje a la historia
La jornada inició con la inauguración de la exposición gráfica Tras las huellas de nuestro pasado, del artista plástico Andrés Vallejo. Las obras, exhibidas en un espacio aledaño a la pirámide circular, retratan pasajes visuales del pasado precolombino del Valle de Toluca.
Posteriormente, los asistentes recorrieron el museo de sitio de Calixtlahuaca. Este espacio ofrece una mirada a las culturas que habitaron la región y explica el origen náhuatl del nombre del lugar, que significa “lugar de casas en la llanura”.

Mensaje del alcalde: identidad, equilibrio y renovación
Durante su discurso, Moreno Bastida subrayó la necesidad de valorar y difundir la cosmovisión de los pueblos originarios. Señaló que no basta con recuperar tradiciones; es vital comprender la filosofía que sustenta estas prácticas.
“La cultura de nuestras raíces sigue viva porque supo resistir al olvido”, expresó. También recordó que el logotipo de su administración, Toluca de Oportunidades y Progreso, incluye un símbolo basado en el templo circular de Ehécatl, como homenaje al dios del viento y a la estructura que identifica a Calixtlahuaca.
Explicó que el equinoccio representa el triunfo de la luz sobre la oscuridad, el inicio de un nuevo ciclo agrícola y la renovación espiritual. Según las culturas prehispánicas, este día marcaba el renacimiento de la tierra y la promesa de abundancia.
Comunidad y gobierno en sincronía
El evento reafirmó el compromiso del gobierno municipal con la cultura y la ciudadanía. Moreno Bastida cerró su intervención destacando que “el universo siempre encuentra su equilibrio”, haciendo alusión al papel del ser humano dentro del orden cósmico, una idea central en las cosmogonías mesoamericanas.
El acto finalizó con una ceremonia ritual del Fuego Nuevo, a los pies del templo circular, donde se encendió simbólicamente la llama de un nuevo ciclo.
