El régimen de Bashar al-Assad, que comenzó en 2000, enfrentó un brutal conflicto desde 2011, cuando la Primavera Árabe desató protestas que derivaron en una guerra civil. Más de 500,000 personas murieron y millones fueron desplazadas, mientras el país se convirtió en un campo de batalla geopolítico.
El 27 de noviembre de 2024, una ofensiva sorpresa liderada por el grupo rebelde Hayat Tahrir al-Sham (HTS) logró rápidos avances, culminando con la captura de Damasco el 8 de diciembre. Assad, que inicialmente negó los reportes, abandonó el país en un avión hacia un destino desconocido.
Las claves de la caída
- Fragmentación del poder:
- Los rebeldes capturaron ciudades clave como Alepo, Hama y Homs en una semana.
- El colapso del ejército sirio dejó a Damasco vulnerable.
- Retiro de aliados clave:
- Rusia, ocupada en Ucrania, y Hezbollah, debilitado por conflictos con Israel, ofrecieron poco respaldo.
- Irán, un aliado histórico, enfrentó problemas internos y ataques constantes a sus fuerzas en Siria.
- Falta de apoyo internacional:
- Estados Unidos y otros países evitaron intervenir directamente en el conflicto.
Impacto y reacciones
El fin del régimen Assad marca un punto de inflexión en la historia de Siria, pero el país enfrenta un futuro incierto. Sin un sucesor claro y con múltiples facciones controlando distintas regiones, se teme una mayor fragmentación.

El enviado especial de la ONU, Geir Pedersen, llamó a iniciar negociaciones para una transición política basada en la Resolución 2254 de la ONU. Mientras tanto, diplomáticos de países clave, incluidos Arabia Saudí, Turquía y Rusia, se reunieron en Doha para buscar soluciones.
Desafíos futuros
- Reconstrucción política y social:Siria necesita un gobierno de transición inclusivo para evitar más violencia sectaria.
- Atención humanitaria:Millones de refugiados y desplazados internos requieren asistencia inmediata.
- Seguridad y estabilidad:Los rebeldes deben demostrar capacidad para mantener el orden sin nuevas divisiones internas.
