Por Marco Antonio Aguilar
Las reuniones de transición entre los ayuntamientos entrantes y salientes son como esos puentes que conectan dos orillas. Un puente que, si no se construye con bases sólidas, corre el riesgo de colapsar antes de que alguien lo cruce. Aunque pareciera que estas reuniones son solo un trámite, nada más lejos de la realidad; son la primera oportunidad para que los nuevos presidentes municipales conozcan la cancha donde jugarán durante los próximos tres años.
Entrar a una administración sin preparación es como lanzarse a un río sin saber qué tan profundas son sus aguas. Los presidentes entrantes deben tomar muy en serio estas reuniones y contar con los perfiles adecuados para cada área. No se trata solo de cruzar al otro lado, sino de asegurarse de que el puente esté bien cimentado, de lo contrario, los problemas podrían arrastrarlos de vuelta al inicio.
Por su parte, los gobiernos municipales salientes no deben jugar a las escondidas con la información. No es momento de dejar cabos sueltos ni de ocultar datos cruciales en cajones cerrados bajo llave. Se trata de entregar todo lo que se ha pedido: las finanzas, los proyectos en marcha, el estado de las obras, los recursos humanos, y sí, hasta los pequeños detalles que podrían parecer insignificantes. Porque, al final, si el puente no se completa correctamente, quien lo herede tendrá que enfrentarse a una serie de problemas que podrían haberse evitado.
El éxito de los ayuntamientos entrantes en enero depende, en gran medida, de que el equipo de salida juegue limpio y de que ambos lados colaboren para que la transición sea fluida. No es tiempo de pensar “total, me quedan cuatro meses y ya llegará otro a arreglarlo”. Es hora de dejar el terreno nivelado, sin piedras ni trampas, porque aunque los presidentes salientes ya no jugarán el próximo partido, son responsables de entregar una cancha en condiciones para el siguiente equipo.
Este momento de transición es clave para pasar de las palabras a los hechos. Y aunque no soy experto en la materia, al igual que muchos ciudadanos, estoy desesperado por ver cómo, administración tras administración, se heredan problemas por falta de información o de responsabilidad. Tal vez es momento de que los presidentes entrantes crucen el puente con la seguridad de que las bases han sido construidas correctamente y los salientes se aseguren de entregar todo lo necesario para un buen comienzo.
Porque al final, el verdadero puente de la transición no es solo entre dos orillas, sino entre la promesa y la realidad de un gobierno que trabaja para su gente desde el primer día.
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