El horario de verano que en México inició el 5 de abril, vive sus últimos días, porque el próximo domingo 25 de octubre a las 02:00 de la madrugada, el reloj se atrasa una hora y se podrá dormir una hora más.

Solo en 33 municipios de las seis entidades de la franja fronteriza con Estados Unidos aplican el horario de una manera diferente, ya que inicia el segundo domingo de marzo y concluye hasta el primer domingo de noviembre, en el resto del país (salvo en Sonora y Quintana Roo) inicia el primer domingo de abril y termina el último domingo de octubre, sin distinción entre los estados septentrionales, en los que la medida es más que atinada por lo marcado de las estaciones del año, y los estados del sur del país en los que los cambios de estaciones son menos notorios.

Según datos del Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica, organismo encargado de dar seguimiento a los efectos económicos del cambio de horario, de 1996 a 2014 con el horario de verano en nuestro país se ahorraron 21,807 GWh en consumo de energía eléctrica y sólo en 2014 el ahorro económico alcanzó los 1,499 millones de pesos, equivalentes a 1.4 millones de barriles de petróleo no consumidos y a emisiones evitadas de dióxido de carbono equivalentes a 546,000 toneladas de CO2.

Tan sólo el ahorro en 2015 fue equivalente al abastecimiento de consumo energético de 596 mil casas habitación durante todo un año.

Desde su implementación, en 1996 y a la fecha, el horario de verano y otros programas de ahorro de energía permitirán a México llegar a la meta que se impuso en el año 2000 para consolidar una disminución anual en el consumo de fluido eléctrico del orden de 8 mil 51 millones de kilowatts-hora, y una reducción de más de mil 436 megawatts de la demanda máxima en las horas pico.

Además de los beneficios económicos, otra de las ventajas del horario de verano son los períodos de coincidencia mayor con los países con quienes se mantienen importantes intercambios comerciales, turísticos, aeronáuticos y financieros.

Entre las ventajas que ofrece a la población el horario de verano se enlistan la reducción de la inseguridad pública por las tardes, menor consumo de energía eléctrica por iluminación en los hogares,
disminución en número de accidentes, y en el sobrecalentamiento de la Tierra.

Además, el horario de verano propicia la convivencia social, recreativa y familiar.

En 1996 el horario de verano se implementó por primera vez en el territorio nacional, buscando que la luz del día, que dura más en temporada primavera-verano, fuera aprovechada por los ciudadanos y disminuyera el consumo de luz eléctrica.

El horario de verano fue utilizado por primera vez durante la Primera Guerra Mundial, con el objetivo de ahorrar carbón en la industria y en las casas para destinarlo a uso militar. Alemania y las potencias fueron los primeros estados en aplicar el cambio en 1916.

Se ha cuestionado que dicho ahorro no se ve reflejado de manera contundente en los recibos de la energía que pagamos pero hay que ser conscientes de que existe un beneficio para nuestra sociedad y una importante contribución con el medio ambiente.

Entre los trastornos que se sufren es sentirnos desvelados durante una semana con alteración de los ritmos circadianos en lo que se adapta nuestro cuerpo, síntomas que se van desvaneciendo conforme pasan los días, pero el beneficio a la sociedad y al medio ambiente con la emisión de menos contaminantes.

Redacción Excélsior

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