Artesanas otomíes residentes del valle de Toluca cambiaron sus artesanías por bordado de cubrebocas para subsistir durante la pandemia ante la falta de apoyos y oportunidades.

Y es que, ante la falta de apoyos y oportunidades para poder vender sus artesanías en el valle de Toluca, artesanas de origen Otomí aprovecharon la situación sanitaria actual para subsistir con elaboración de cubrebocas en la vía pública.

Estos cubrebocas de tela bordados por sus propias manos, son la columna de su supervivencia ante la falta de dinero y la pobreza extrema a la que la mayoría de estas mujeres están sometidas a causa de la falta de apoyos de parte de las autoridades, así como de oportunidades laborales a través de sus artesanías.

Además, estos instrumentos de protección sanitaria tienen el plus de ser exclusivos con bordados diferentes en cada uno, con hilos de colores y plasman distintas figuras. Los venden en la vía pública, en ocasiones en espacios en los que pueden colocarse y ofrecerlos a quienes deseen protegerse.

En entrevista, la señora Rosa Pérez Jacinto, artesana de textiles de la comunidad de San Cristóbal Huichochitlán, perteneciente al municipio de Toluca, explicó que al ya no poder acudir a las plazas públicas a ofrecer sus creaciones por la propagación del COVID-19, optó por cambiar momentáneamente las muñecas otomíes por cubrebocas de tela con los bordados característicos de la zona indígena del norte de la capital mexiquense.

Sin embargo, destacó que en un principio la demanda del artículo fue alta, vendía hasta 20 piezas diarias, pero ante la falta de personas en la vía pública bajó la venta, no obstante, opta por colocarse en puntos estratégicos como mercados, cada pieza la venden en precios que van desde 60 a 80 pesos, depende de la complejidad del bordado.
Aunque las ventas se han reducido, reconoció que las piezas que vende afortunadamente la ayudan a sobrepasar los gastos en casa, en la que habita con sus dos hijos, su esposo se dedica al campo y ella colabora con ingresos adicionales.

Cabe destacar que sus puestos son temporales y nómadas, puesto que, al ser parte del negocio informal, se ven a la tarea también de estar toreando a las autoridades, antes de que estas las desalojen.

Vestida con su tradicional enagua, con su sombrero para cubrirse del intenso calor y con aguja en mano, reconoció que le da temor contagiarse de COVID- 19, no obstante, la necesidad la ha llevado a tener más cuidado, evitar llegar a espacios con mucha gente y los cambios de temperatura.

Por: Guillermo Guadarrama

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