Edgar Rafael “N” admitió en su declaración ante el Ministerio Público, haber asfixiado con sus propias manos a Sonia Pérez Rodea, catedrática y bailarina de la UAEM, que fue encontrada sin vida en el Teatro de los Jaguares. 

Este jueves fue celebrada la primera audiencia en la que dictó un plazo para integrar pruebas que lo puedan defender de un probable feminicidio.

Durante el tránsito judicial de este caso en los Juzgados de Control y Juicios Orales en Almoloya de Juárez, se dio lectura a la declaración que rindió ante los agentes del ministerio público. En ella se explicó que el lunes 9 de diciembre estuvo con su exesposa Sonia en un convivio del trabajo; sin embargo, la vio acompañado de otro hombre.

“No dije nada, pero sentí como si me cayera un balde de agua fría”, se dijo sobre la declaración. El relato escrito de Edgar Rafael “N” y leído por el ministerio público, señaló que vio a Sonia con un acompañante al que vio disfrutando del momento.

Posteriormente se retiró al Teatro de los Jaguares donde tendría una función, ya que él también era bailarín. Aproximadamente a las 18:00 horas de ese lunes vio a Sonia en los camerinos. 

“Intenté reconciliarme con ella, la agarré del cuello y ella sintió que era una agresión… ella se cayó como de lado y con mis manos la comienzo a asfixiar”.

Al percatarse que la danzante madre de dos hijas no se movía, la trasladó a un baño del camerino, cerró con seguro y se retiró, eran las 18:20 aproximadamente.

La tercera llamada para la función de las 19:00 horas se dio y comenzó la obra sin Sonia. Terminados los actos, Edgar Rafael “N” regresó con engaños a verificar si seguía con vida, pero al percatarse que un guardia de seguridad no le quitaba los ojos de encima, fue que se retiró.

El presunto feminicida admitió querer quitarse la vida al día siguiente, es decir, el martes 10 de diciembre, día en el que fue localizado el cuerpo de Sonia en las instalaciones del teatro universitario. Con un cúter se hizo una herida en el cuello y otra más en el brazo, pero la carga de conciencia fue tal que acudió a declarar a las autoridades. “Estoy arrepentido de lo que hice”.

El testimonio obró junto a otras entrevistas de amigos compañeros y familiares cercanos a la víctima, quienes coincidieron en que la relación está fracturada y que el presunto feminicida cometió abusos constantes en contra de ella.

La autoridad judicial dictó un plazo para conformar pruebas que pudieran defenderlo de un probable caso de feminicidio, a pesar de que ya se cuenta con un testimonio oral rendido por el mismo ante los agentes del Ministerio Público. 

El caso ha causado indignación en la comunidad universitaria, lo que provocó diversas movilizaciones por parte del alumnado que terminó en la banalización del aula magna de rectoría. Hasta el momento el rector de la máxima casa de estudios mexiquense, Alfredo Barrera Baca no se ha pronunciado respecto a estas pintas.

Redacción Mario C. Rodríguez / Milenio Digital

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