La Revolución Mexicana fue un enorme levantamiento en armas de campesinos por el derecho a la tierra que era controlada por ejidatarios, banqueros y mineros.

Aquí 8 datos curiosos de esta lucha:

Tierra y libertad

Los pioneros de la Revolución Mexicana fueron los hermanos escritores y periodistas Ricardo y Enrique Flores Magón, que publicaron diversos periódicos opositores a Porfirio Díaz (el principal fue Regeneración), quienes fueron encarcelados y exiliados. De hecho ellos son los creadores de la famosa frase revolucionaria ‘Tierra y libertad’.

Las soldaderas

El papel de las mujeres fue realmente importante en la lucha revolucionaria, debido a que se encargaban de labores como preparar alimentos, lavar ropa, cuidar a los heridos, pero al mismo tiempo eran sigilosas espías, traficantes de armas y algunas también tomaron las armas.

Una de las famosas era Petra Herrera. quien se sabe que se vistió de hombre para luchar en la División del Norte, sin embargo, a pesar de sus habilidades en el campo de batalla, al enterarse Pancho Villa de que era mujer, se negó a dar crédito militar a una mujer y no promovió a Petra Herrera como General, por lo que abandonó las fuerzas de Villa y conformó su propia brigada, exclusivamente con mujeres.

Así como la famosa “Adelita” del popular corrido revolucionario, que se dice estaba inspirada en Adela Velarde Pérez, nacida en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 8 de septiembre de 1900. En el ambiente revolucionario, todos la asediaban, pero era escurridiza y sin perder la amabilidad se deshacía de los “galanes” que buscaban sus favores. Adela se sumó al ejército de enfermeras que asistían a los revolucionarios heridos; se especializó en hablar con los moribundos para prepararlos a bien morir, y en muchos casos avisó a sus familiares cuando fallecían.

Los niños en la batalla

Asimismo, a los niños a partir de los 5 años se les encomendaban acciones como cuidar a los animales, acarrear el agua de los pozos a los campamentos o las tiendas, así como llevarle tortillas y comida a los revolucionarios.

Después, cuando tenían entre 7 y 9 años, los varones se alistaban a las bandas de guerra y seguían con el cuidado de los animales. A partir de los 10 años, los revolucionarios les asignaban labores de guerra y entrenamiento militar. Los niños podían ya portar rifles y algunos eran enviados directamente al combate. Sin embargo, una de las funciones más comunes para los niños era el espionaje.

De acuerdo con testimonios de la época y documentos históricos, los revolucionarios enviaban contingentes de niños a los poblados a los que iban a llegar, para que observaran cuál era la situación. Además, los enviaban de avanzada para observar si había tropas por los alrededores y regresaban a dar aviso, asienta Velázquez García.

Emiliano Zapata, el Caudillo del Sur

Emiliano Zapata no era pobre. A pesar de que en la historia lo han pintado como un hombre de escasos recursos, hay registros sobre la posesión de tierra y de algunos caballos. Así que el hombre que gustaba de la comida francesa y el coñac no era tan pobre.

Su gran pasión eran los caballos, por lo que se dedicaba al comercio de estos animales en las épocas en que el trabajo en el campo disminuía. A los 30 años era el mejor domador de caballos de la comarca y muchas haciendas se lo disputaban.

Se cree que, ya como figura revolucionaria, utilizaba un doble para algunos eventos públicos debido al constante asedio del Gobierno. Sin embargo, las personas lo reconocían porque era más alto que su doble. Tras ser asesinado, la gente buscaba el lunar que tenía en la parte superior del ojo para comprobar que realmente era su cadáver.

Francisco Villa, el Centauro del Norte

No le gustaba beber alcohol, pues pensaba que era la principal causa de los problemas, por lo que destruyó varias cantinas y amenazaba de muerte a todo aquel que dentro de su batallón intentara emborracharse.

Algunas investigaciones indican que se casó al menos 27 veces, tanto por la iglesia como por el civil, tuvo unos 26 hijos. A todas sus mujeres les puso casa y a todos sus hijos los mantuvo, incluso mandó a algunos a estudiar a Estados Unidos.

En una entrevista con The New York Times dijo: “No fui a la escuela ni un día en toda mi vida”. Sin embargo, Villa conocía la importancia de la educación y su papel transformador: cuando fue gobernador de Chihuahua creó 50 escuelas en un mes, atrajo maestros, a quienes convenció diciéndoles que era la profesión que más admiraba.

Otra causa de muerte en la Revolución Mexicana

Así como en la conquista española, muchos hombres no cayeron por la guerra sino por enfermedades, como viruela, tifo, paludismo y la influenza española que invadían el país durante la revolución. De hecho, de los 14 millones de habitantes que había en este tiempo en México, 11 millones vivían dentro del sistema de las haciendas, de los cuales 9 millones eran peones acapillados, es decir, eran esclavos de las haciendas, en condiciones de vida infrahumanas.

Una guerra documentada en fotografías

Agustín Víctor Casasola fue un fotógrafo mexicano que capturó la realidad de la Revolución Mexicana en imágenes, cuya colección conforma el acervo del Archivo Casasola. Fue uno de los primeros fotógrafos documentalistas de Latinoamérica.

Aunque una de las imágenes más populares sobre esa época no fue tomada por Casasola, sino por Gerónimo Hernández. Nos referimos a aquella donde una mujer se asoma desde un vagón del tren.

Asimismo, se conoce que el héroe mexicano Francisco Villa era tan carismático y fotogénico que la productora estadounidense Mutual Film Company produjo una película de ficción sobre su vida y permitió que él mismo la interpretara: “The Life of General Villa”, de 1914. De esa película en México solamente se conservan fragmentos.

Sufragio efectivo, no reelección

A pesar de que la frase ‘Sufragio efectivo, no reelección’ se le adjudica al empresario y político mexicano Francisco I. Madero, como proclama contra el Porfiriato al inicio de la Revolución Mexicana en 1910, la frase fue dicha por Porfirio Díaz, quien no quería que Benito Juárez se reeligiera.

Por último, aunque fue una lucha en la que corrió gran cantidad de sangre, los ideales sociales de las corrientes populares y campesinas de la Revolución Mexicana fueron plasmados en la Constitución mexicana de 1917, que en ese tiempo resultó la más avanzada del mundo.

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