La basílica de San Marcos inundada, palacios, museos, hoteles y tiendas con el agua casi hasta las rodillas, góndolas arrastradas a la riba, la ciudad paralizada y un muerto. La marea alta sufrida la noche del martes en Venecia ha dejado la ciudad sumida en el caos, como en 1966, cuando l’acqua alta de 194 centímetros la anegó y provocó serios daños en el patrimonio arquitectónico y artístico. El gobernador de la región, el liguista Luca Zaia, habla ya de “una devastación apocalíptica” y ha pedido al Gobierno ayuda urgente y la declaración del estado de emergencia. Pero la crisis no ha pasado todavía y esta mañana se espera otra marea altísima, de hasta 160 centímetros.

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En medio del desastre, aparece el cambio climático como uno de los culpables principales de que los episodios de mareas de este calibre se hagan cada vez más frecuentes e intensas. El alcalde de Venecia, Luigi Brugnaro, escribió en su cuenta de Twitter, mientras recorría anoche la Plaza de San Marcos: “Esta vez la situación es verdaderamente grave, un viento soplaba fortísimo y alimentaba la marea. Estos son los efectos del cambio climático”. El regidor se suma así a las advertencias de científicos expertos sobre un aumento acelerado e imparable del nivel del mar. El Mediterráneo ha crecido entre 20 y 25 centímetros desde principios del siglo XX, como recuerda Gabriel Jordà, científico del Centro Español de Oceanografía de las Islas Baleares y uno de los autores de una investigación que muestra cómo la subida del nivel del mar haría aumentar la frecuencia de inundaciones o acqua alta en la ciudad de Venecia a final de siglo.

El recuerdo de la terrible inundación del 4 de noviembre de 1966 comenzó a materializarse ayer a las 21.00. A esa hora, un viento superior al previsto se levantó, empujando con fuerza el agua del Adriático a la laguna de Venecia. El Centro de Previsión de las Mareas de Venecia, que también se ha visto afectado por el fenómeno y se ha quedado incomunicado, había previsto como pico máximo 160 centímetros, a las 23.00. Pero a las 22.40 la marea era de 180 centímetros y a las 23.00 alcanzaba ya los 187. Un técnico de dicho organismo asegura a este periódico que «se formó un pequeño ciclón sobre Venecia, con vientos de hasta 120 kilómetros por hora que empeoraron la situación». «Es algo completamente anómalo y puede estar relacionado con el cambio climático», insiste.

El Ayuntamiento ha ofrecido esta mañana una rueda de prensa para valorar los daños. “La situación es muy complicada y ahora mismo estamos desbordados”, señala un portavoz municipal al teléfono. “El 80% de la ciudad está bajo el agua, hay daños inimaginables”, ha lanzado Zaia. Algunos museos han quedado dañados y otros recintos, como la Bienal, han cerrado por precaución. «No hemos tenido daños particulares, pero hoy la circulación debe quedar libre para otro tipo de necesidades», señala una portavoz.

El alcalde de Venecia —que ha pasado la noche visitando distintas zonas— ha solicitado al Gobierno italiano declarar el estado de emergencia por desastre natural, en Venecia y en sus islas, Murano, Burano, Lido y Pelestrina, tan afectadas como la vieja urbe. En esta última, un hombre de 68 años murió fulminado por una descarga eléctrica mientras intentaba salvar su casa de las inundaciones. Varias zonas de la ciudad se han quedado sin electricidad, como el Lido y el Campo Santa Margherita. La mayoría de trayectos en vaporeto han sido suspendidos, después de que tres de estas embarcaciones se hundiesen en la Riva degli Shiavoni.

El científico Gabriel Jordà vincula lo que está ocurriendo en la ciudad al cambio climático. «Si esta última inundación hubiera tenido lugar en los años cincuenta del siglo pasado, su efecto habría sido moderado. Al haber subido el nivel del mar, las consecuencias son mucho peores», explica. «Lo que antes pasaba una vez, se puede convertir en norma», añade Jordà. «Hay que tener en cuenta a la subida del mar se suma que la ciudad se está hundiendo, lo que hace que el efecto del acqua alta se multiplique», añade.

Alarmado por la situación, Brugnaro hizo un llamamiento al Gobierno italiano para concluir el megaproyecto de ingeniería que pretende defender Venecia de las mareas altas. Este fenómeno acostumbra a inundar las zonas bajas de la ciudad, en particular la plaza de San Marcos. Pero su efecto se multiplica, como sucedió esta vez, con el siroco, un fuerte viento sahariano. Para proteger la ciudad de las mareas, que afectan cada vez más a su patrimonio artístico, en 2003 se empezaron a construir 78 diques flotantes en el marco del proyecto MOSE (acrónimo de Módulo Experimental Electromecánico). Dichos diques deberían cerrar la laguna en caso de subida de las aguas del Adriático. Pero problemas de sobrecostes y corrupción retrasaron su puesta en funcionamiento.

La basílica de San Marcos se encuentra en uno de los puntos más bajos de la ciudad y es uno de los monumentos más afectados. El director de la conservación de la basílica, el arquitecto Mario Pina, pasó toda la noche dentro el edificio intentando salvar los objetos a ras del suelo. “Es un desastre, como el de 1966, o peor, aún lo sabemos. Hemos trabajado toda la noche para proteger piezas preciosas como crucifijos, apoyados en las partes más bajas. El agua ha entrado en toda la iglesia y también en la cripta, bañando los mosaicos”, declaró Pina a EL PAÍS. Cuando el agua entra en la basílica, genera daños irreversibles que se evidencian en el tiempo, explica Pina. El agua salada se evapora, corroe el mármol y rompe los mosaicos. “Esto es una verdadera catástrofe, tan grave como en 1966”, dice Pina.

El ministro de los Bienes Culturales, Diario Franceschini, anunció ayer que una vez concluido el análisis de los efectos del agua alta llegará el dinero para financiar la conservación de la basílica de San Marcos. El edificio, construido en el año 828 y reconstruido tras un incendio en 1063, conserva mosaicos bizantinos y el cuerpo de san Marcos, patrón de la ciudad. Solo ha visto entrar el agua seis veces en 1.200 años. Lo más preocupante es que tres de las cinco grandes inundaciones se han producido en los últimos 20 años.

Uno de estos eventos excepcionales ocurrió el 30 de octubre de 2018. Hace un año el agua invadió parte del pavimento milenario de mosaico de mármol e inundó completamente el baptisterio y la capilla, arruinando portones de bronce bizantinos, columnas y piezas en mármol. Han pasado 53 años desde la gran inundación de 1966 y Venecia sigue tan frágil como entonces.

Con información de Esther Sánchez.

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