¡…Ah, qué bonito es volar a las dos de la mañana, a las dos de la mañana, ay qué bonito es volar, ay mamá! Subir y dejarse caer, en los brazos de un soldado, en los brazos de un soldado, hasta quisiera llorar…” (La bruja, son jarocho)

Ya llegó esa época del año que llena el ambiente de música, una nostalgia inexplicable que apachurra, pero al mismo tiempo reconforta el alma, haciéndola sonreír, y de los aromas inconfundibles que nos remiten a la infancia: azúcar, chautle, cempasúchil… y que por supuesto nos llevan de la mano a la Feria del Alfeñique, dulce tradicional que durante los meses de octubre y noviembre deleita a propios y extraños con su sabor y colorido.

El culto a la muerte en México ha existido desde tiempos inmemoriales, no en vano existe el Mictláncon todas sus divisiones, el valor de los tzompantlis y el saber lidiar con el dolor de manera estoica y hasta divertida, en esta ironía entre el dolor y el gozo por la vida.

El dulce del Alfeñique llegó a la Nueva España proveniente de la Madre Patria como parte del proceso natural de la conquista. Originalmente creado en Al-Ándalus, con toda la influencia árabe que eso implica, se ha enriquecido desde su concepción y apropiación por la tradición prehispánica y mucho más.

Sincretismo que da forma a la cultura, enriqueciéndola y de esta forma haciéndola nuestra, embajadora de nuestra historia y guardiana de nuestro patrimonio.

Su comercialización en el Valle de Toluca data de 1630, cuando Francisco de la Rosa solicitó a la Corona Española la autorización para preparar y comercializar este dulce singular. Su solicitud fue autorizada, y el resto es una historia que está por cumplir 400 años.

Es a partir de 1969 que la Unión de Comerciantes del Dulce de Alfeñique comienza a realizar la ahora tradicional Feria, que este año cumplirá 50 años, dando a Los Portales el colorido y las formas con las que ahora la identificamos. Deliciosa pasta de azúcar cocida y estirada en barras delgadas y retorcidas, con las cuales se hacen figuras de singular color, sabor y textura.

Endulzar la pérdida y al mismo tiempo preservar la esencia. Imperdonable no asistir del 4 de octubre al 3 de noviembre a conocer, disfrutar y encontrarse con la deliciosa tradición que nos identifica en el mundo.

Epicentro

Por: Paloma Cuevas R. / Paloma Querida

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