Este domingo se cumplen 55 años de que la revista ‘Primera Plana’ publicara en Argentina la primera de las tiras de Mafalda, obra del maestro Joaquín Salvador Lavado Tejón, más conocido como ‘Quino’.

Mafalda, la niña rebelde, creación del caricaturista argentino Quino, cumple mañana 55 años.- Foto de internet

Odia la sopa. Está indignada por que al Pájaro Loco todavía no le dieron el Premio Oscar. 

Piensa que un depravado inventó la sopa y un degenerado, la cuchara. Le gustan Los Beatles, la cultura hippie y los libros. 

Piensa que la sopa es –o debería ser– una mala palabra. Es preguntona, perspicaz, graciosa y rapidísima, sensible, incisiva. Considera que la sopa es un brebaje espantoso, una porquería inmunda, y se entiende porque ese plato era una superstición “para crecer” de la generación anterior a la suya. 

Su papá es oficinista, su mamá es ama de casa y tiene un hermanito que se llama Guille. Igual que su tortuga Burocracia, padece “sopofobia”. 

Mafalda y sus amigos, una historieta traducida en 21 idiomas.- Foto de internet

Sus amigos son Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito y Libertad, con quienes juega a la bomba atómica, si acaso no tienen tiempo para jugar a algo más largo. Mafalda, a la que le gusta escuchar noticieros en la radio y, de ser necesario, pedir muletas para el ánimo, detesta la sopa.

Mañana domingo 29, Mafalda, la niña rebelde que, además de odiar la sopa al punto de descomponerse en la playa luego de imaginar que el mar es un gran plato de ese alimento, quiere ser intérprete de la ONU y proclamar la paz mundial, cumple 55 años. 

Y como proclamó en más de una ocasión su creador, Quino, si las tiras cómicas todavía siguen vigentes, es porque “lamentablemente”, el mundo no ha cambiado demasiado. 

Inflación, la jubilación, China, el feminismo y el vegetarianismo, política: Mafalda, la historieta argentina más universal y globalizada, aún tiene razón en (casi) todo.

Quino, creador de Mafalda, en una escultura hecha en honor de la pibe.- Foto de internet

Quino y Mafalda, su obra más reconocida.

Tanto Quino como Mafalda se inscriben en una tradición fulgurante de la historieta argentina, una de las más importantes a nivel mundial y la más destacada de Latinoamérica. Con antecedentes como Patoruzú (1928), de Dante Quinterno, Don Fulgencio (1934), de Lino Palacio, y revistas como El Tony (1928), la historieta local tiene su época dorada entre las décadas del 40 y del 70, al calor de la gran maquinaria editorial y de prensa gráfica, con revistas como Rico Tipo (1944-1972), de Divito, y Tía Vicenta (1957-1966 y 1977-1979), de Landrú. 

Traducida a una veintena de idiomas –entre los últimos, al guaraní, el hebreo y el armenio–, con una cuidada versión en Braille (disponible de forma gratuita en todas las bibliotecas públicas del país), y una película animada en 1982, Mafalda, la nena de abundante melena negra con corte “carré”, que fue publicada por primera vez el 29 de septiembre de 1964 en la revista Primera Plana, tiene en su origen un fundamento comercial.

Con información de Clarín

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