Ellos buscan que Iztapalapa pase de ‘foco rojo’ a gran área verde

Ellos buscan que Iztapalapa pase de ‘foco rojo’ a gran área verde Ellos buscan que Iztapalapa pase de ‘foco rojo’ a gran área verde Ellos buscan que Iztapalapa pase de ‘foco rojo’ a gran área verde

Una avenida divide a la colonia Santa Martha Acatitla y a la Ermita Zaragoza, ambas ubicadas en la alcaldía Iztapalapa, en el oriente de Ciudad de México. La primera colonia resguarda la Penitenciaría y el Centro Femenil de Readaptación Social Santa Martha Acatitla y la segunda, un pequeño oasis verde que contrasta con el concreto y los autos que avanzan sobre la calzada Ignacio Zaragoza: el Huerto Urbano Acatitlan.

El sembradío de 200 metros cuadrados busca convertirse en una red y una alternativa a la violencia que existe en esta alcaldía. “Queremos seguir dando a notar nuestra colonia, que vean que la gente del barrio no es solamente la que ha perdido el rumbo”, sostiene Alfredo Machorro, antropólogo e integrante del Colectivo Raíces del Oriente.

De 2016 a marzo de este año, la alcaldía Iztapalapa acumuló alrededor de 90 mil carpetas de investigación por delitos de alto y bajo impacto, de ellos mil 115 se reportaron en la Ermita Zaragoza. A metros del número 9 del Andador A. Quintana Roo, donde se ubica el Huerto Urbano Acatitlan, se han abierto indagatorias por homicidios dolosos con arma de fuego, robo con violencia a pasajeros de transporte público, a transeúntes y a vehículos.
El Colectivo Raíces del Oriente, conformado por vecinos de la mismo colonia y aledañas, recuperó el espacio público que durante años estuvo abandonado. “Era un foco rojo (…) que era usado para delinquir y drogarse”, explica Guadalupe Figueroa, estudiante de Biología en la UNAM.

La idea que nació de una plática entre amigos preocupados por la violencia e inseguridad en la Ermita Iztapalapa y se convirtió en uno de los 174 proyectos beneficiados por el programa de “Mejoramiento Barrial y Comunitario 2018”, por lo que se les entregaron 500 mil pesos por parte de la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social de la Ciudad de México (SIBISO).

“Primero queríamos generar un huerto con nuestros propios ingresos, juntar dinero y buscar la forma de hacer un huerto pequeño, a partir de ahí se empiezan a buscar otras opciones”, dice Manuel Narváez, quien dejó su empleo como comerciante para dedicarse de lleno al huerto y al comedor comunitario al que pretenden proveer con las frutas, verduras, raíces, hierbas y hortalizas que ya crecen en el área de cultivo y del que esperan obtener 200 kilos por cosecha.

La comunidad recibió con entusiasmo el proyecto, que comenzó a levantarse en septiembre pasado, pero también hubo quien quiso cambiar su vocación: “Una persona vino y nos dijo que hiciéramos juegos, le comencé a explicar en todo lo que te ayuda un huerto: desde que reduce tus gastos económicos hasta a nivel alimenticio (…) Conforme pasó el tiempo, esta persona se dio cuenta del trabajo y dejó de pensar que era un desperdicio, se empezó a incluir y muchas veces sus hijos comenzaban a venir”.

“Otra situación que a mí me gustó mucho y que pasó fue que vino un niño a asesorarse del trabajo que hacíamos, le explicamos. Después, a la semana, pasó con sus padres; ellos lo jalaron y le dijeron: ‘Vámonos’. Y el niño les dijo: ’Es que no sabes, esto es lo que realmente importa’. En lo personal es lo que a mí me llena, la gente no se queda solo con lo de aquí sino que se lo llevan a su casa”.

Actualmente siete personas conforman el Colectivo Raíces del Oriente, quienes de manera voluntaria dan mantenimiento diario al huerto y brindan talleres y asesorías a decenas de habitantes de la Ermita-Zaragoza.

“Queremos que la gente comience a ver que tener un espacio verde en casa no es algo que te absorba todo el día, ocupas 15 o 20 minutos al día, no ocupas más (…) y aparte te da muchos beneficios, como comer sano, utilizamos técnicas orgánicas para que lo que cultivemos sea sin química”, apunta Rafael Tavárez, comerciante que afirma tener alrededor de 2 mil plantas en su domicilio, en su mayoría cactáceas, a los que dedica cerca de media hora al día.

La finalidad didáctica del proyecto es que la gente “aprenda a valorar” la naturaleza mediante el proceso que se lleva la producción de los alimentos, así como el trabajo de los campesinos.

“Debemos empezar a trabajarle y pagarle a la tierra con esfuerzo”, sostiene Manuel Narváez, quien entrega gran parte de sus tiempos libres a dar mantenimiento al proyecto.
‘Seguir haciendo comunidad’
La alcaldía de Iztapalapa se encuentra en la Zona Oriente de la Ciudad de México —junto a las alcaldías Venustiano Carranza, Iztacalco y Tláhuac— cuya característica principal es la urbanización poco planeada, mayor densidad de población y pocos espacios planificados para áreas verdes, según la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial capitalina (PAOT).

La Organización de las Naciones Unidas recomienda que las ciudades deben tener por lo menos 16 metros cuadrados de áreas verdes por persona y la Organización Mundial de la Salud plantea que deben ser al menos nueve.

Iztapalapa es la alcaldía con mayor superficie urbana y en donde habita una quinta parte de la población de la ciudad (1.8 millones de personas), es la que menos áreas verdes (pastos, arbustos y árboles) tiene por habitante: 3.1 metros cuadrados por cada uno de ellos, de acuerdo con datos de la PAOT.

El Colectivo Raíces del Oriente apunta a recuperar alrededor de una hectárea de esa zona devorada por la mancha urbana y con ello, reconstruir el tejido social, “seguir haciendo comunidad” y para ello buscan levantar un kiosco, una minivilla olímpica, microclimas y llevar los huertos, de inicio, a toda la colonia para darle a sus vecinos “un espacio digno”, según explica Alfredo Machorro.

“Queremos no solo recuperar espacios públicos, sino la grandeza, la identidad de nuestra colonia, la identidad de lo que es ser de un barrio, ser del Oriente de la Ciudad de México”, señala.

Y para ello, comenta, los más importante es el apoyo de la comunidad y buscar el del gobierno: “No basta con decir ‘ya no queremos vivir en estas condiciones’, ir y reclamarle al gobierno y parar la avenida, sino empezar nosotros a hacer algo y trabajar en colaboración con ellos (las autoridades)”, apunta.

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