Fuente: Flickr by Eneas De Troya

El presidente electo de izquierda Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quiere poner fin a la guerra militarizada contra las drogas en México.

Son básicamente cuatro los estados más afectados con la criminalidad, estos son: Veracruz, Tamaulipas, Michoacán y Guerrero. Son estos cuatro estados en donde la violencia ha alcanzado récords históricos en un país que en el 2017 ha tenido una alta cifra de 29,000 asesinatos. López Obrador, o AMLO como es ampliamente conocido, estuvo dedicado al tema de la violencia en México, siendo esta una parte clave de su tercer intento presidencial y su promesa de “pacificar” a México, lo que le ayudó a obtener más de 30 millones de votos.

AMLO se ha comprometido a repensar la guerra devastadora y altamente militarizada de México contra las drogas, que los expertos culpan de al menos 200,000 muertes desde 2006, y ser duro con las causas sociales del crimen. El jefe de seguridad pública de AMLO, Alfonso Durazo, dijo que los planes de amnistía del gobierno para frenar la ola de violencia, serian: Subir los salarios de la policía, una amnistía para los delincuentes de delitos menores, cortar la corrupción, despenalizar la marihuana y enfocarse en la prevención del delito.

Desde que las fuerzas armadas salieron a resguardar las calles para tomar la lucha contra los carteles de la droga cada vez más poderosos y violentos, dedicados a la producción y el tráfico de las drogas con destino principal a los consumidores en EEUU, ya han sido miles de mexicanos que han muerto. Y un sistema policial y judicial quebrado, ha hecho que los perpetradores casi nunca sean responsabilizados por un asesinato o desaparición. Ver Informe de Amnistía Internacional en México.

Pero el próximo presidente de México, un izquierdista llamado Andrés Manuel, prometió la reconciliación nacional y la paz y el fin de más de una década de la guerra contra las drogas.

Fuente: Flickr by Roberto Roble

Resume su plan en cuatro puntos:

– Sacar a los militares de las calles y reemplazarlos con policías mejor entrenados, mejor pagados y más profesionales.
– Reescribir las leyes de drogas para regular la marihuana y, posiblemente, la amapola (que se usa para hacer heroína) mientras perdona a los infractores de drogas no violentos.
– Ofrecer reparaciones y apoyo a las víctimas de la guerra contra las drogas.
– Aumentar los programas sociales, la educación y las alternativas de empleo en regiones pobres y violentas.

Si el presidente entrante se sale con la suya, esta será la primera separación importante de México con Estados Unidos en materia de lucha contra el crimen y drogas en décadas. Pero los obstáculos son muchos, y queda por verse si el nuevo presidente tiene el apoyo duradero y los recursos para poner fin a la guerra contra las drogas.

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