Era el 9 de marzo de 2011 y un sismo de magnitud 7.3 era el precursor del desastre que más tarde se convertiría en el más grande en la historia de Japón. La tarde del 11 de marzo, se registró un megaterremoto de magnitud 9.1 y posteriormente un megatsunami con olas que llegaron alcanzar hasta 40 metros de altura arrasando varias localidades de la costa nororiental de la isla nipona.

Aunque en la actualidad no es posible indicar que un sismo sea precursor de otro más grande, pocos esperaban que el terremoto del 9 de marzo produjera uno de características catastróficas.

El sismo del 11 de marzo de 2011, fue causado al romperse una extensión de 500 km de largo por 200 km de ancho por la placa del Pacífico que subduce bajo la placa Norteamericana (sobre la cual está Japón) y provocó un deslizamiento de hasta 50 metros, dato fundamental para medir la magnitud de un sismo.

El terremoto ocurrió a las 14:46 hora local y su epicentro se ubicó en el mar frente a las costas de Honshu, unos 130 kilómetros al este de la ciudad de Sendai en la prefectura de Miyagi. La ruptura ocurrió a 32 kilómetros con una duración aproximada de ruptura de la falla de 3.3 minutos y hasta 6 minutos de percepción en algunas zonas.

La comparación de este sismo, el cuarto más fuerte en la historia reciente, nos dice que se necesitarían 22.3 sismos como los de 1985 en México para liberar la misma cantidad de energía que la que se liberó en Japón aquella tarde de viernes en 2011.

Como Japón es uno de los países con mayor cultura de Protección Civil, gracias a sus registros de sismos históricos, cada generación de nipones ha entendido el peligro con el que se convive diariamente en la isla.

El país es pionero en el desarrollo de tecnología estructural a prueba de sismos y el desarrollo de sistemas de alertamiento sísmico ayudó, en ese momento, a salvar las vidas de miles de personas.

La intensidad inicial de este terremoto fue calculada en la escala Shindo, una medida desarrollada por la Agencia Meteorológica de Japón, como +5 (muy fuerte) hasta crecer a la intensidad 7 (severo), la intensidad más alta de la escala.

Mientras la gran mayoría de las estructuras resistieron esta sacudida, esto era sólo la primera parte del gran desastre que estaba por producirse minutos más tarde.

Entre 1973 y 2011 en la zona de subducción de Japón se habían producido nueve eventos sísmicos de magnitud 7 o superior, siendo el terremoto más grande el ocurrido en diciembre de 1994 de magnitud 7.8 que causó apenas la muerte de 3 habitantes y dejando a 300 personas heridas.

Años más tarde, la NASA comprobó, mediante imágenes satelitales, que la isla de Honshu podría haberse desplazado aproximadamente 2.4 metros al este, y posteriormente se comprobó que el movimiento había alterado el eje terrestre aproximadamente 10 centímetros.

El Tsunami que se produjo tras el sismo trajo consigo daños catastróficos en zonas costeras de la isla, pues a pesar de que se realizaron evacuaciones masivas en dichas áreas, muchas de las personas confiaron en que el sistema de murallas los protegerían y emprendieron la evacuación solo después de que las grandes olas desbordaban sobre las ciudades.

Al no contemplar eventos de estas dimensiones, los diseños de las barreras contra tsunami fueron superados fácilmente.

Como el diseño de dichas barreras estaba pensado para eventos de magnitud 8.5 a 8.8, el sismo de 9 evidenció la obsolescencia de los muros existentes. A causa del tsunami murieron miles de personas y cientos de hogares quedaron destruidos.

También, se produjo un accidente en la en la Central Nuclear de Fukushima que provocó explosiones en los edificios que albergaban los reactores nucleares, fallos en los sistemas de refrigeración, la triple fusión del núcleo y la liberación de radiación hacia el exterior.

Dicho evento ha sido el peor accidente nuclear desde Chernóbil en Ucrania en 1986, constituyendo uno de los mayores desastres medioambientales de la historia moderna.

La alerta de tsunami se extendió a numerosas costas del Pacífico y en México se produjeron olas de 1.5 metros en áreas de playa de la costa de Guerrero sin causar daños más graves.

En resumen, el desastre de Japón a causa del terremoto y el tsunami produjo:

La muerte de cerca de 16 mil personas.
La desaparición de 5 mil personas.
Un impacto económico de 25 millones de yenes, el equivalente al 5% del PIB japonés.
La licuefacción del suelo en distintas localidades.
113 mil 61 colapsos totales, 145 mil 824 colapsos parciales y más de 521 mil 481 estructuras con daños parciales.
Cerca de 16,000 muertos, 5,000 desaparecidos.
Impacto económico de 25 billones de yenes = 5 % PIB de Japón.
Se produjo licuefacción del suelo en varias localidades.
113,061 colapsos totales, 145,824 colapsos parciales y más de 521,481 estructuras con daños parciales.
El eje de la Tierra cambió entre 10 y 25 centímetros.
Se acortó el día en 1.8 milisegundos.

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