México, 7 Mar (Notimex).- Mabel Monserrat Pereda Delgado a sus 28 años de edad y cinco años laborando en Aeroméxico, se convirtió en capitán del Embraer 190, pero ese no el mayor desafío que tuvo que enfrentar, sino los estereotipos que algunos pasajeros aún siguen teniendo.

Teniendo como marco la cabina de un Boeing 787 Dreamliner de la aerolínea bandera del país -el llamado Misionero de Paz- la piloto narra a Notimex que existen personas que aún tienen una imagen contraria a la mujer.

“En algo como los aterrizajes, nunca serán igual –explica- por el clima, las condiciones van a variar; pero luego es el ataque, porque es mujer, ese tipo de cosas, de comentarios que te van marcando, sobre sí podrá o le ayudamos? Pero hay que sobreponerse”.

Por ello, Mabel manda un mensaje a todas las mujeres “no dejen de luchar, de picar piedra, porque poco a poco se puede y a las personas que tienen ese tipo de mentalidad, por el tipo de sociedad que tenemos y porque como mujeres venimos a trabajar, no venimos a desplazarlos sino venimos hacer algo diferente, algo nuevo”.

De acuerdo con el titular de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), Miguel Peláez, de 2012 al 2017 se otorgaron casi cinco mil licencias técnico-aeronáuticas, de las cuales 42 por ciento fueron a mujeres.

“En la industria aeronáutica, la mujer, cada vez más cobra una importancia muy relevante, diría porque cada día participa más y porque nos damos cuenta del nivel técnico tan elevado que tiene, es una fortuna para la industria y no solo en la igualdad de género, sino en la seguridad, participación en todos los niveles”, dijo.

Pereda Delgado opina que actualmente existe más apertura por parte del sector para contratar a más mujeres, y puso como ejemplo a Grupo Aeroméxico, empresa que dijo da un trato igualitario tanto a hombres como al género femenino.

Mabel no nació con el sueño de ser piloto, sin embargo, dicha profesión ya la traía en sus venas, ya que su padre y hermano también son pilotos, y de quienes, escuchando sus conversaciones, comenzó a sentir las ganas de estar frente a un avión.

“Te mentiría que desde muy pequeña, a partir de la preparatoria. Vengo de familia de aviadores, entonces no tenía claro que estudiar, pero lo que sí es que no quería nada de medicina o encerrarme en una oficina. Justo coincide en que mi hermano entra a Aeroméxico y escucharlos con esa pasión entre ellos, sobre sus vuelos, fue lo que me empezó a envolver”.

Comenta que dicha profesión no es nada barata ya que se mide con el tipo de cambio, lo que incrementa el costo sobre todo en las horas de vuelo con las que deben contar para iniciar laboralmente.

De los compañeros de generación, menciona que del total, eran cinco mujeres, de las cuales, solo dos están laborando.

Pero, ¿cómo se vuela un avión?

De manera general, primero con los aceleradores, timón para los despegues y aterrizajes, pedales para la carrera de despegue. Pero también se tienen que conocer todo sobre los paneles del sistema eléctrico, de combustible y aíre acondicionado, las luces, antihielo, pantallas, altitud, velocidad, vientos, motores, radios, entre otros.

“Hay muchos botones, pero es la manera en la que están organizados, del eléctrico, por ejemplo, que está conectado con qué. Es fácil, cuando te gusta y cuando ya estás dentro, te emociona el querer saber más, hay que estudiar mucho, nunca se deja de aprender ni se deja de estudiar”, dijo.

La capitán Pereda, quien recién llegaba de un vuelo nacional, comenta que para poder estar al frente de un avión de cabina ancha, un 787 Dreamliner, los primeros pasos son comenzar como primer oficial del B737 para poder llegar al 787, aunque esto dependerá también del crecimiento de Aeroméxico.

“Nunca pierdan de vista el sueño o la meta, visualicen mucho, son temas vitales. Tienen que aferrarse al sueño y visualizarse a que, yo quiero volar tal avión y luchar por el sueño (.) esto es algo impresionante, lleno de adrenalina y es enriquecedor. Lo logre y aun me falta mucho para llegar a donde llegó mi padre”, recomendó a todas aquellas mujeres que tienen el deseo estar al frente de una aeronave.

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