Esta es la tumba de Carlo Annoni, un enfermero y activista por los derechos del colectivo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) que falleció a los 61 años.

Fue enterrado en el cementerio de Mariano Comense, en Como, Italia. Su viudo eligió una lápida colorida porque, según dice, Annoni quería “algo que hablara de la vida y la dicha, del amor”.

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Pero los críticos la tachan de una vulgar atrocidad.

“Sin discriminar por género, pero esa tumba es un golpe a la vista. Casi un insulto para el resto de muertos y los seres queridos que los visitan en el cementerio”, afirmó Andrea Ballabio, un consejero local del partido Forza Italia.

Para la furia de los amigos de Annoni, el político quiere establecer un “plan de colores” que regule la apariencia de las tumbas del cementerio.

Este conflicto expone una división entre el respeto por los muertos y lo que eso significa en concreto.

Para algunos, un mausoleo con los colores del arcoíris puede ser demasiado ostentoso. ¿Pero es razonable prohibirlos? ¿No podemos acaso elegir cómo honrar a nuestros seres queridos?

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