Hasta el 80 por ciento de las personas de la tercera edad vive en pobreza en el Estado de México

Hasta el 80 por ciento de las personas de la tercera edad vive en pobreza en el Estado de México Hasta el 80 por ciento de las personas de la tercera edad vive en pobreza en el Estado de México Hasta el 80 por ciento de las personas de la tercera edad vive en pobreza en el Estado de México

En el Estado de México habitan más de un millón y medio de personas de la tercera edad, de los cuales, hasta el 80 por ciento vive en situación de pobreza, enfrentando trabajos poco remunerados o escenarios de informalidad, pero también, el abandono y el maltrato por parte de sus familias, por lo que llegan a la última etapa de la vida en estado de indefensión y luchando por tener qué comer y rezando para no enfermarse.

Trabajando como cerillos, o en el comercio informal, muchos de ellos sin sueldos fijos ni prestaciones, los abuelos mexiquenses han tenido que optar por seguir siendo empleados debido a que deben aportar en sus familias o porque éstas les han dado a espalda.

Lo anterior debido a que, los que tienen apoyos, viven de pensiones insuficientes, y con el deterioro propio de su edad, por lo que su condición física es crítica y no son atendidos debidamente.

A decir del director del Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), Jaciel Montoya Arce, los roles familiares también han cambiado, complicando la situación para los abuelos ya que, dentro del núcleo familiar, han tenido que asumir el cuidado y crianza de los nietos y deben aportar al gasto familiar.

“Cómo se le explota poniéndolo a desempeñar funciones que ya no son propias de le porque él en sus etapas de padre, él ya cumplió… pero como si esa etapa fuera eterna se le siguen asignando tareas hay muchas ingratitudes contra los abuelos hoy está este sector sufriendo su vejez, ellos ahora tienen que cuidar a los hijos de sus hijos, las abuelas los cuidan y los abuelos los mantienen”.

Señala que, además, se dan casos de abusos económicos en los que los familiares les quitan las pensiones e incluso les privan de la posibilidad de asistir al médico pese a que su condición lo requiere.

“Las personas mayores cada vez serán más dependientes así como cuidaron de nosotros la sociedad, la familia y el Estado debe de cuidar de ellos y tener conciencia porque el volumen de abuelos es cada vez más amplio”.

Pero hay otro lado de la moneda, los que terminan abandonados en las calles, viviendo de la caridad, muchos de ellos padeciendo Adicciones -en especial al alcohol-, viviendo al día, incluso, encontrando la muerte a causa de las inclemencias del tiempo. De ellos, la sociedad se entera a través de nota roja, el resto, continúan invisibles, inmóviles, pidiendo una moneda en los cruceros e iglesias.

Algunos de ellos corren con la suerte de ser rescatados de las calles y cobijados por instituciones de asistencia privada como La Casa Hogar del Anciano, dónde los atienden sin fines de lucro.

Otros más llegan a estas instancias de manos de sus familiares quienes poco a poco los van dejando de visitar, los dejan en el olvido, por lo que los en armados deben buscar recursos en donaciones, pues mantener a un adulto mayor al mes llega a costar hasta 10 mil pesos.

De acuerdo con Miguel Ángel Mena Alarcón, presidente del patronato Casa Hogar del Anciano, llegan a la institución los abuelos porque se han convertido en un estorbo para la familia.

“Por diferentes razones, por diferentes pretextos, los abandonan, entonces es difícil porque no alcanzamos muchas veces a tener contacto con ellos (familiares), llegan, nos los dejan diciendo que no pueden con él porque se vuelve un estorbo, una carga”.

Lo anterior, al igual que el investigador Montoya, lo acredita a una pérdida de valores al interior del núcleo familiar y la falta de políticas públicas que protejan a los adultos mayores.

De acuerdo con Jaciel Montoya, urge que se generen no sólo políticas, sino conciencia dentro de los hogares, en especial porque el cambio generacional ha provocado una pérdida de respeto hacia las personas de las tercera edad aumentando su estado de vulnerabilidad.