Por Marco Reyes

Con el avance de semana fue celebrado el 47 periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), mismo que no solo dio la pauta para concebir un nuevo y alternativo protocolo diplomático inferido por la canciller venezolana, sino que también fue el punto de encuentro para evaluar el rol político que México habrá de tomar en el organismo.

¿Por qué México?

Ante la crisis democrática que hunde a Venezuela y el nombramiento de Luis Videgaray como presidente de la asamblea, los anhelos mexicanos por primera vez en muchos años, se hicieron sentir como latinoamericanos.

El México dictatorial de Díaz o el México brillante de Cárdenas, el México dictatorial de Cárdenas o el México brillante de Díaz; con la luz viene la sombra, aunque si la sombra es ajena, quizá la oportunidad.

La oportunidad o la distracción; sin duda la ocasión para citar el primer considerando de la Carta Democrática Interamericana:

“que la Carta de la Organización de los Estados Americanos reconoce que la democracia representativa es indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región y que uno de los propósitos de la OEA es promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto del principio de no intervención”

La OEA, una organización fundada en el 48 de la posguerra, en medio de la incertidumbre y con hambre de un Estado de Derecho y democracia, de no intervención… Del origen su gloria y verdugo, y con ello, la crítica hacia cualquier organismo internacional en los tiempos modernos.

La Venezuela chavista en los tiempos de la OEA, y la ONU, y cualquier país que pretenda alzar un estandarte con Derechos Humanos.

¿Entonces, por qué Nicolás Maduro se jacta de victoria?

Victoria no, Maduro, oportunidad.

Los más de 20 votos no fueron alcanzados para lograr un consenso, sin embargo la sesión se ha declarado como permanente, y con esta quizá, la ocasión para México de vivir un segundo aire de la mano con su dream team cantado, y solo así, juntos, abrir un nuevo canal de negociación frente al oficialismo venezolano.

El tórrido romance entre la justicia y la democracia, entre Oliveira y La Maga:
“Lo religioso, lo estético, lo ético. Lo ético, lo religioso, lo estético. El muñequito, la novela. La muerte, el muñequito. La lengua de la Maga me hace cosquillas. Rocamadour, la ética, el muñequito, la Maga. La lengua, la cosquilla, la ética.”

 

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